La artista plástica Camila Lobón reportó que el panteón de sus familiares en la necrópolis camagüeyana fue hallado completamente vacío durante un entierro. El hecho expone la grave crisis de abandono y saqueos que sufre el camposanto más antiguo en funcionamiento en la isla, bajo la indolencia de las autoridades locales.
Lobón relató que sus familiares acudieron al Cementerio General de Camagüey para dar sepultura a un nuevo deudo y descubrieron que los osarios y urnas habían desaparecido. Entre los restos ausentes se encontraban los de su abuelo, un tío abuelo que fue preso político plantado, y sus bisabuelas. La creadora calificó el suceso como un acto incomprensible que trasciende la lógica burocrática o el simple saqueo, evidenciando un profundo deterioro de la administración pública y el tejido social en la isla.
La denuncia se suma a una larga serie de quejas ciudadanas y reportes de medios independientes sobre el estado de abandono y profanación en este recinto, fundado en 1814. A finales de 2024, el ciudadano José Morell Rodríguez reportó un caso similar tras encontrar el candado de su nicho forzado, las cajas de osarios abiertas y restos humanos, incluidos cráneos, desaparecidos. Morell detalló que la administración del cementerio ignoró su reclamo, sugiriendo que estos saqueos forman parte de un patrón sistemático que ocurre bajo la presunta complicidad o negligencia de los custodios.
Colapso institucional y abandono patrimonial
Organizaciones como el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP) y medios locales han documentado imágenes desoladoras del camposanto, donde se aprecian tumbas abiertas y fragmentos óseos expuestos a la intemperie. La indiferencia del régimen de La Habana hacia el patrimonio histórico y la dignidad ciudadana se hace evidente en la falta de mantenimiento de los servicios comunales. Solo tras la viralización de estas pruebas en redes sociales, la Empresa Provincial de Servicios Comunales emitió un comunicado prometiendo \»transformación\», una respuesta tardía ante años de negligencia institucional.
Para Lobón, quien reside fuera de la isla, la pérdida de sus muertos simboliza la tragedia de la diáspora cubana: la imposibilidad de preservar la memoria y los vínculos afectivos en un país devastado por la crisis. Este tipo de profanaciones, lejos de ser hechos aislados, son el reflejo del colapso estructural que sufre Cuba, donde la inacción de la dictadura cubana frente al desmantelamiento de los servicios públicos destruye hasta el descanso eterno de los ciudadanos, profundizando el desarraigo y la impunidad absoluta.