LA HABANA. La reconocida publicación española especializada en turismo, Preferente, ha declarado oficialmente la desaparición del sector turístico en Cuba, un hecho que evidencia el fracaso de las políticas económicas del gobierno cubano. La sentencia llega acompañada de los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), que registran el nivel más bajo de visitantes en 17 años y una alarmante tasa de ocupación hotelera del 18,9 %, hundiendo lo que alguna vez fue la principal locomotora de la economía isleña.
El diagnóstico cobra especial relevancia al provenir de un medio que, durante décadas, mantuvo estrechos vínculos de colaboración con las autoridades de la isla y fue responsable de la promoción internacional de la Feria Internacional de Turismo de La Habana (FITCuba). La caída estrepitosa de las ventas también ha sido confirmada por cadenas hoteleras históricamente alineadas con el ejecutivo cubano, como Meliá, que atribuyen el desplome a una supuesta \»propaganda mal intencionada\», obviando el deterioro evidente de la infraestructura y los servicios básicos en el país.
Ante este panorama, el régimen de La Habana ha anunciado \»nuevas medidas\» para incentivar la inversión extranjera durante la Feria Internacional de La Habana (FIHAV). Sin embargo, analistas señalan que estas reformas llegaron tarde y mal, funcionando más como un intento desesperado de frenar la caída que como una solución real. La estructura burocrática que rodea a la inversión en la isla ha respondido históricamente a un entramado de corrupción y control político más que a una estrategia de protección económica, con casos emblemáticos en la concesión de licencias que involucran a altos dirigentes y sus allegados.
Un destino arruinado por la crisis estructural
El colapso del turismo no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de la crisis sistémica que atraviesa la nación. Los frecuentes apagones, la escasez crónica de combustibles y la incapacidad del gobierno cubano para garantizar servicios esenciales hacen imposible ofrecer un producto de calidad a los visitantes. Esta deficiencia en la infraestructura se suma a una inflación galopante y a un éxodo migratorio sin precedentes que ha mermado la fuerza laboral del sector, evidenciando que el modelo económico centralizado ha fracasado en su totalidad.
El futuro inmediato se presenta sombrío para la ciudadanía, que sufre las consecuencias de la pérdida de una de las principales fuentes de ingresos de divisas. Mientras la dictadura cubana insiste en mantener su control férreo sobre la economía mediante decisiones arbitrarias y sin control democrático, la falta de confianza de los inversores internacionales y el aislamiento del destino turístico parecen irreversibles. La comunidad internacional y los empresarios extranjeros observan cómo, sin transparencia ni garantías legales, la recuperación del sector es inviable bajo las actuales condiciones políticas.