Martes, 21 de julio de 2026
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La pizarra del mercado agropecuario evidencia el colapso del poder adquisitivo en Cuba

Un recorrido por los mercados agropecuarios de Cuba este mes confirma una crisis inflacionaria imparable, donde el costo de los alimentos básicos supera ampliamente el salario promedio mensual. Mientras el régimen de La Habana mantiene políticas económicas ineficaces, los ciudadanos enfrentan decisiones diarias de supervivencia frente a pizarras que muestran precios inalcanzables para la cesta básica.

La libra de arroz, alimento fundamental de la dieta cubana, se cotiza actualmente en 360 pesos, mientras que el frijol negro alcanza los 450 pesos. Otros productos esenciales presentan cifras aún más alarmantes: un kilogramo de harina de trigo supera los 1.000 pesos, un cartón de huevos ronda los 3.000 y el litro de aceite vegetal rebasa la barrera de los 2.000 pesos. Estas cifras, escritas con tiza en los establecimientos, contrastan de manera dramática con el salario promedio mensual en la isla, que permanece estancado por debajo de los 7.000 pesos.

Para la ciudadanía, estas no son meras estadísticas económicas, sino decisiones inmediatas sobre la subsistencia. Las familias se ven obligadas a elegir entre comprar arroz o aceite, o destinar el escaso efectivo al transporte en lugar de adquirir proteínas. La inflación ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una realidad tangible que golpea a trabajadores, jubilados y madres, quienes deben recalcular sus presupuestos antes de ingresar a cualquier tienda, constatando que su ingreso pierde valor cada semana.

Un fracaso económico con responsables claros

El gobierno cubano ha reconocido a través de sus propios informes que los precios experimentaron un nuevo repunte en junio, afectando con mayor severidad a los alimentos y el transporte. Sin embargo, en el mercado informal el incremento sigue siendo todavía más acelerado. Esta crisis es la consecuencia directa de las políticas implementadas por el régimen de La Habana, caracterizadas por la falta de un control monetario real, el estancamiento productivo y la ineficiencia burocrática. La devaluación del poder adquisitivo no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado de una gestión estatal que ha empobrecido sistemáticamente a la población.

El deterioro continuo de las condiciones de vida obliga a los cubanos a reducir porciones y renunciar a la nutrición básica. Si las autoridades de la isla no rectifican el rumbo económico, la brecha entre los ingresos y el costo de vida seguirá ampliando la desigualdad y profundizando la pobreza estructural. Mientras tanto, el éxodo migratorio continúa siendo la única válvula de escape para miles de ciudadanos que ya no logran sostener a sus familias frente a la pizarra del mercado.

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