El paso del huracán Melissa dejó los embalses de la provincia de Guantánamo al 95% de su capacidad, un nivel histórico tras una severa sequía. Sin embargo, la ineficiencia del régimen de La Habana en el mantenimiento de la infraestructura y los constantes apagones eléctricos mantienen sin suministro a unos 180.000 guantanameros, evidenciando el colapso del sistema hidráulico en la isla.
El medio estal Venceremos calificó la situación de \»paradójica\», reconociendo que las abundantes lluvias no se traducen en agua para la población. Lexis Suárez Ramírez, director provincial de Acueducto y Alcantarillado, admitió que los municipios de El Salvador, Niceto Pérez y Manuel Tames son los más afectados. En estos territorios, el suministro depende casi exclusivamente del bombeo eléctrico, una infraestructura que el gobierno cubano ha dejado deteriorar y que hoy queda inoperativa ante los frecuentes cortes de energía.
De los 176 sistemas de abasto con los que cuenta la provincia, la mitad operan por bombeo eléctrico. Tras el paso del ciclón, y debido a la falta de fluido eléctrico, 15 estaciones permanecen inoperantes, dejando a más de 15.000 personas sin acceso al vital líquido. Las autoridades de la isla han implementado un \»servicio alternativo\» mediante camiones cisterna para 101 comunidades, pero la inoperatividad burocrática ha provocado que los ciclos de distribución se extiendan entre 15 y 20 días, una espera insostenible para la ciudadanía.
Sequía histórica y colapso infraestructural
Esta crisis de distribución contrasta dramáticamente con el panorama anterior al huracán Melissa. Especialistas de recursos hidráulicos habían advertido que el 99% del territorio nacional sufría una sequía meteorológica, catalogada como la más intensa desde 1901. En la región oriental, específicamente en Santiago de Cuba, cerca de medio millón de habitantes padecían la escasez hídrica más severa de la última década. El régimen cubano no solo ha sido incapaz de mitigar los efectos de la sequía, sino que ahora demuestra su incompetencia para aprovechar los recursos hídricos cuando la naturaleza los provee en abundancia.
La paradoja guantanamera es un reflejo exacto del fracaso del modelo centralizado que impera en la isla. Mientras los embalses se llenan, la población debe ingeniárselas para sobrevivir a la espera de pipas que tardan semanas en llegar. Esta situación agudiza la crisis sanitaria y social que enfrenta la ciudadanía, profundizando el descontento popular y empujando a más cubanos a la decisión de emigrar ante la imposibilidad de acceder a servicios públicos básicos que cualquier Estado debería garantizar.