La profunda crisis económica que atraviesa la isla ha provocado un aumento exponencial de anuncios de prostitución encubierta en la popular plataforma de comercio electrónico Wanuncios. Decenas de jóvenes, en su mayoría hombres, recurren a la venta de servicios sexuales a través de la red para sobrevivir frente a la inflación galopante y el desabastecimiento, operando en una peligrosa zona gris legal bajo el constante acecho de las autoridades.
Wanuncios, un sitio web extendido por varios países de América Latina y muy utilizado en Cuba para la compraventa de bienes, inmuebles y servicios, incluye una sección de \»Contactos\» que ha registrado un crecimiento explosivo en los últimos meses. Con hasta 50 publicaciones diarias, el espacio es empleado por varones entre 25 y 40 años, muchos provenientes de provincias orientales, que ofrecen \»masajes relajantes\» o se autodenominan \»caballeros de compañía\». Las imágenes de contenido erótico y las descripciones ambiguas enmascaran una realidad que responde directamente al colapso del mercado laboral en la nación.
Los testimonios de los implicados revelan la magnitud de la precariedad. Un joven de 23 años, que comercializa contenido sexual, explicó que cobra alrededor de 8.000 pesos cubanos (unos 20 dólares en el mercado informal) por cada servicio, con tarifas que oscilan entre los 6 y los 75 dólares. Para muchos, esta vía representa el único método viable para sostener a sus familias. Otro caso es el de un trabajador de panadería residente en La Habana que, proveniente de Santiago de Cuba, complementa su exiguo salario estatal prestando servicios sexuales a otros hombres durante sus días de descanso, ocultando esta actividad a su pareja para poder llevar dinero a casa.
Una respuesta de supervivencia al fracaso del modelo económico
El auge de esta modalidad de trabajo sexual digital no es más que un síntoma directo de la crisis estructural que sufre el país. La hiperinflación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la ineficiencia del sector estatal han empujado a amplios sectores de la población a buscar alternativas de subsistencia en la informalidad. El régimen de La Habana, incapaz de garantizar condiciones de vida dignas, ha generado un caldo de cultivo donde la población joven se ve forzada a exponer su integridad física y emocional en plataformas digitales para acceder a divisas y cubrir necesidades básicas.
En el ámbito legal, la prostitución en Cuba se encuentra en un limbo jurídico. Aunque el Código Penal vigente establece penas de cuatro a diez años de privación de libertad para quienes induzcan o promuevan el comercio carnal, la actividad individual permanece en una zona gris. Sin embargo, esta falta de claridad legal no se traduce en protección para los ciudadanos. La dictadura cubana ejerce vigilancia policial sobre estos jóvenes, sometiéndolos a advertencias, hostigamiento y la amenaza constante de represalias, criminalizando la pobreza en lugar de abordar las causas que obligan a miles a ejercer esta actividad.
La digitalización del trabajo sexual en la isla evidencia un panorama desolador para el futuro de la ciudadanía. Mientras el ejecutivo cubano se niega a implementar reformas económicas estructurales que permitan el desarrollo libre y próspero de la población, la falta de oportunidades seguirá empujando a los jóvenes hacia la precariedad y la vulnerabilidad. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben prestar atención a esta realidad, que no solo expone la hipocresía de un sistema que reprime a sus ciudadanos mientras se beneficia de su desesperación, sino que augura un deterioro social cada vez más difícil de revertir.