Una misa en la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Centro Habana, marcó el centenario del nacimiento de la legendaria Celia Cruz. El acto religioso, impulsado por artistas y devotos, contrastó de manera evidente con la política de veto que el régimen de La Habana mantiene sobre la figura de la Reina de la Salsa, evidenciando una vez más la censura cultural impuesta por la dictadura cubana.
La ceremonia, oficiada por el párroco Ariel Suárez, congregó a varios cientos de personas, aunque numerosos bancos permanecieron vacíos debido al temor generalizado de la población a contravenir la línea oficial. Entre los asistentes destacaron figuras de la música cubana como Haila María Mompié, Alain Pérez y el reguetonero Yomil Hidalgo, así como el encargado de negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer. Durante la homilía, el sacerdote destacó el papel de la cantante como embajadora de la cultura nacional y pronunció su célebre \»¡Azúcar!\», enfatizando ante los presentes que \»la fe no conoce censura\».
Las declaraciones de los artistas presentes evidenciaron el rechazo a la prohibición estatal. Pérez, quien colaboró con la intérprete en el extranjero, calificó de lamentable el veto oficial y criticó el error de las instituciones al intentar limitar su legado. Por su parte, el diplomático estadounidense subrayó que la música de Cruz transmite esperanza y recordó su anhelo de libertad para el pueblo de la isla. Hammer también criticó la ausencia total de representantes del Ministerio de Cultura o de otras entidades estatales en el homenaje a una artista nacida en el barrio habanero de Santos Suárez.
El veto sistemático a un símbolo cultural
La ausencia oficial no es casualidad, sino parte de una política de borrado histórico. Días antes, las autoridades de la isla cancelaron la única gala oficial prevista para conmemorar la fecha, un evento organizado por el grupo de teatro El Público en la Fábrica de Arte Cubano (FAC). La suspensión fue ordenada por la Subdirección de Programación del Centro Nacional de Música Popular, entidad adscrita al Ministerio de Cultura. Este episodio ilustra cómo la dictadura cubana mantiene un control férreo sobre la memoria cultural, vetando de la radio y la televisión a aquellos artistas que se exiliaron y alzaron su voz contra la falta de libertades.
El centenario de Celia Cruz deja al descubierto la profunda fractura entre el sentir popular y la imposición ideológica del Estado. Mientras la ciudadanía y la comunidad internacional reconocen el aporte universal de la Guarachera de Cuba, el gobierno cubano persiste en su política de exclusión. Esta censura no solo empobrece el patrimonio cultural de la nación, sino que reafirma el alto costo que paga la sociedad civil por mantener viva la memoria de quienes eligieron el exilio antes que rendirse al autoritarismo.