Viernes, 28 de agosto de 2026
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Precios inaccesibles y propaganda política marcan la 34ª Feria Internacional del Libro de La Habana

Precios inaccesibles y propaganda política marcan la 34ª Feria Internacional del Libro de La Habana

La edición número 34 de la Feria Internacional del Libro de La Habana, celebrada recientemente en la capital cubana y dedicada a Rusia, ha dejado al descubierto la profunda desigualdad económica que asola a la isla. El evento, que este año trasladó su sede principal a la Estación Cultural de Línea y 18 en El Vedado, se caracterizó por una marcada disminución en la asistencia popular, precios exorbitantes para textos importados y un fuerte componente de propaganda oficialista en medio de una crisis estructural que mantiene a la población sin acceso a servicios básicos.

El cambio de ubicación, buscado por las autoridades de la isla para facilitar el acceso desde el tradicional complejo Morro-Cabaña, no logró mitigar el impacto de la crisis de movilidad y la emergencia energética. La falta de transporte público y los apagones prolongados limitaron severamente la capacidad de los ciudadanos para asistir al evento. La desinformación sobre la programación de conferencias y presentaciones fue otra constante, derivada directamente de la carencia casi total de electricidad que impide a la población acceder a las redes digitales y a los medios de comunicación estatales para informarse sobre las actividades culturales.

Un recorrido por la sede central evidenció una abismal diferencia de precios entre la oferta nacional y la extranjera. Los libros impresos en Cuba, en su mayoría remanentes de ediciones anteriores, mantenían precios módicos que oscilaban alrededor de los 50 pesos cubanos (CUP), e incluso algunos con rebajas por antigüedad se ofrecían entre 4 y 11 CUP. Aunque la variedad de estos textos nacionales no era significativa, resultaban los únicos asequibles para el bolsillo de la mayoría de los cubanos, quienes sobreviven con salarios estatales que no logran cubrir ni la mitad de la canasta básica mensual.

En contraste, los textos de importación presentaron costos inauditos para el ciudadano de a pie. Títulos como El príncipe, de Nicolás Maquiavelo, alcanzaban los 16.000 CUP, mientras que la serie completa de siete volúmenes de Harry Potter se ofertaba en 85.000 CUP. Un sencillo cuaderno infantil de pocas páginas con figuritas de Barbie, casi sin texto, tenía un precio de 2.000 CUP. La paradoja económica fue resumida por un vecino asistente, quien señaló que el costo de los siete libros de la saga británica equivale a la tasación que el propio Estado cubano otorga a su apartamento. Esta realidad refleja cómo la inflación galopante y la devaluación del peso cubano han destruido el poder adquisitivo de la población.

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Feria del Libro 2026. (Foto del autor)

Como una excepción dentro del panorama de precios inflados, destacó el stand del proyecto cultural La Manigua, gestionado por la hija del fallecido creador de Elpidio Valdés, Juan Padrón. Ubicado en la calle 35 del barrio de El Vedado, este proyecto comercializó libros editados en el exterior, de autores de renombre y con alta calidad de impresión, a precios considerablemente más razonables, oscilando entre 500 y 1.500 CUP. Esta diferencia subraya la falta de regulación y los márgenes de ganancia desproporcionados en los stands que representaban a vendedores internacionales o empresas estatales de comercio.

La feria también sirvió como escenario para el refuerzo del aparato propagandístico del régimen de La Habana. El evento coincidió con las celebraciones por el centenario del natalicio de Fidel Castro, lo que resultó en una proliferación de títulos dedicados a exaltar su figura. Como parte de la campaña oficial, se distribuyeron plegables impresos en papel de alta calidad titulados \»Mi foto con Fidel\». A esto se sumó la comercialización de las obras completas de Raúl Castro, en nueve volúmenes, al insólito precio de 300 CUP, una cifra que contrasta drásticamente con el costo de la literatura universal o de entretenimiento, evidenciando las prioridades ideológicas del gobierno cubano sobre el acceso a la cultura libre.

Trabajadores del sector y veteranos del comercio del libro en Cuba han confirmado que la asistencia de público en esta edición fue significativamente menor que en años anteriores. El evento, que en sus inicios en Pabexpo congregaba a multitudes ávidas de literatura, hoy refleja el desinterés y la imposibilidad material de la ciudadanía para participar en lo que solía ser una de las principales citas culturales de la nación. La crisis sistémica ha transformado un evento cultural masivo en una vitrina inalcanzable para el pueblo.

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Foto del autor.

Contexto: La cultura asfixiada por la crisis estructural

El colapso de la 34ª Feria del Libro no es un evento aislado, sino el síntoma de una crisis estructural profunda que atraviesa todos los ámbitos de la sociedad cubana. La economía nacional se encuentra en una espiral inflacionaria sin precedentes, impulsada por la fallida Tarea Ordenamiento y la pérdida de subsidios históricos. En este contexto, el acceso a la cultura y a la educación, pilares que el Estado cubano ha utilizado históricamente para legitimar su discurso, se han convertido en privilegios inalcanzables para la mayoría de la población.

El régimen de La Habana ha mantenido un control absoluto sobre la producción y distribución editorial, lo que se traduce en una oferta nacional empobrecida, censura a autores disidentes y una dependencia total de la importación para acceder a literatura contemporánea. Sin embargo, la importación se realiza en una economía dolarizada que margina a quienes perciben sus ingresos en pesos cubanos. La dictadura cubana, al priorizar la represión y el control social sobre el desarrollo económico, ha creado un abismo entre una minoría con acceso a divisas —los llamados \»nuevos ricos\» o beneficiarios del sector privado vinculado al Estado— y la inmensa mayoría de la población que sobrevive en la marginalidad.

Además, el colapso del sistema eléctrico nacional y la ineficiencia del transporte público son manifestaciones directas de la falta de inversión en infraestructura y la corrupción institucionalizada. Las autoridades de la isla han demostrado incapacidad para garantizar no solo el suministro energético, sino también la logística básica para un evento de esta envergadura, aislando aún más a la población de la vida cultural e intelectual. La desconexión entre el poder y la realidad ciudadana quedó evidenciada cuando los organizadores celebraron la \»accesibilidad\» de la nueva sede, ignorando que los ciudadanos no tenían cómo llegar a ella ni electricidad en sus casas para enterarse de la programación.

Antecedentes de un evento en decadencia

Desde su creación en 1982, la Feria Internacional del Libro de La Habana fue concebida como un espacio de democratización de la lectura, un escaparate de la cultura cubana y un puente con el exterior. Durante décadas, el evento creció hasta extenderse a múltiples provincias del país, consolidándose como una tradición familiar y un punto de encuentro para intelectuales. Sin embargo, en los últimos años, la feria ha perdido su esplendor. La disminución de la producción editorial nacional, el encarecimiento del papel y los insumos, y la fuga masiva de talentos —incluyendo escritores, editores y personal del comercio del libro— han diezmado la calidad del evento.

La decisión del gobierno cubano de dedicar esta edición a Rusia responde a los lazos históricos y a la creciente dependencia diplomática y económica hacia Moscú en medio del aislamiento internacional. No obstante, la presencia de literatura rusa o de textos importados no se tradujo en un beneficio para el lector común, sino que evidenció la distorsión del mercado interno bajo el control estatal. La histórica promesa de una \»revolución cultural\» ha mutado hacia un modelo de segregación donde el conocimiento universal tiene un precio en divisas que el cubano promedio no posee.

Un futuro de exclusión cultural

La conclusión de esta feria plantea una pregunta ineludible sobre el futuro de la política cultural en Cuba: ¿para quién se diseña el acceso al conocimiento en la isla? Al ofrecer libros importados a precios que superan el valor de una vivienda tasada por el Estado, el ejecutivo cubano consolida un modelo de exclusión donde la cultura es un artículo de lujo disponible solo para una élite con capital o para los nuevos ricos que se benefician de la actual economía de mercado dual. La marginación de la mayoría de la población no solo afecta el desarrollo intelectual del país, sino que alimenta el creciente descontento social y el éxodo migratorio ininterrumpido.

Mientras la dictadura cubana continúe priorizando la propaganda ideológica y el control represivo sobre el bienestar material y cultural de su pueblo, eventos como la Feria del Libro seguirán siendo, en la práctica, vitrinas vacías de un país que ha perdido su capacidad para nutrir la mente de sus ciudadanos. La respuesta de la comunidad internacional y de la sociedad civil cubana deberá enfocarse en denunciar esta brecha que ahonda la fractura social y empobrece el acervo cultural de la nación, exigiendo políticas que garanticen el libre acceso a la información y la cultura sin sesgos políticos ni barreras económicas insalvables.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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