Jueves, 23 de julio de 2026
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Rogelio López Marín (Gory): El arte como refugio y ruptura frente a la censura cultural en Cuba

El pintor y fotógrafo cubano Rogelio López Marín, conocido como Gory, repasa sus cuatro décadas de carrera artística marcadas por la búsqueda de la esencia y la confrontación con el aparato censor del régimen de La Habana. En una reciente entrevista, el artista reflexiona sobre su formación, la influencia familiar en medio del deterioro nacional y el impacto de la histórica exposición \»Volumen I\», catalogada en su momento como \»diversionismo ideológico\» por las autoridades culturales de la isla.

Gory, figura clave de la plástica cubana contemporánea, sostiene que el arte \»tiene que tener fuerza y alma\», despojándose de los purismos técnicos para enfocarse en lo que la imagen realmente transmite. Su acercamiento a la creación visual estuvo precedido por un intento fallido en la música durante su infancia. Al descubrir que carecía de oído melódico, el artista desarrolló una capacidad de escucha libre de prejuicios académicos, una sensibilidad que hoy aplica tanto a la pintura como a la fotografía, disciplinas que domina con igual pasión desde sus primeros años de vida.

El refugio familiar ante el colapso nacional

La formación del artista no puede entenderse sin la figura de su madre, Thelvia Marín, pintora, escultora y escritora. Gory describe su entorno familiar como una \»bendición\» y un oasis frente a lo que él califica como \»la destrucción absoluta de un país\». Crecer en un hogar donde el acceso a museos, conciertos y un estudio de arte cotidiano contrastaba dramáticamente con la realidad de empobrecimiento y control ideológico que ya comenzaba a asfixiar a la sociedad civil bajo el gobierno cubano. Esta dualidad entre el refugio íntimo y la crisis pública moldeó su visión crítica y su necesidad de expresión.

\»Volumen I\» y la etiqueta de \»diversionismo ideológico\»

Durante la década de 1980, Gory emergió como uno de los referentes de la vanguardia plástica nacional junto a Flavio Garciandía, José Bedia y Tomás Sánchez, entre otros. La exposición \»Volumen I\» (1981) representó una ruptura radical con los cánones estéticos impuestos por el Estado. Sin embargo, esta innovación no fue tolerada por la dictadura cubana, cuyos comisarios culturales acusaron al grupo de \»diversionismo ideológico\» y de ser \»extranjerizantes\». Gory recuerda aquella etapa no solo por el conflicto generado, sino porque la rigidez dogmática y la censura del régimen terminaron por convertir aquella expresión de diversión artística en un hito histórico de resistencia cultural frente al autoritarismo.

La trayectoria de Gory ilustra el destino de muchos talentos cubanos que, ante la asfixia de las políticas culturales oficiales, han tenido que buscar espacios de libertad y reconocimiento en el exilio, como lo demuestra su retrospectiva realizada en Miami. Su experiencia subraya una constante estructural en la isla: el aparato estatal prioriza la fidelidad ideológica sobre la libertad creativa, empujando al arte genuino hacia la marginalidad o la diáspora. Mientras el control estatal persista, la verdadera fuerza y alma del arte cubano seguirá floreciendo, en gran medida, fuera de los estrechos límites que intenta imponer el poder.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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