El ex pelotero y actual mánager de los Gallos de Sancti Spíritus, Eriel Sánchez, propinó un golpe con un bate en la cabeza al funcionario de la Comisión Nacional de Béisbol, Miguel Rojas Rodríguez, tras finalizar un encuentro de la 64 Serie Nacional, dejándolo con heridas que requirieron sutura médica y evidenciando el profundo deterioro institucional del deporte en la isla.
El incidente de extrema gravedad ocurrió en el estadio José Antonio Huelga, una vez concluido el duelo entre el conjunto local y la Isla de la Juventud. Según relataron testigos presenciales, Sánchez increpó con insultos a Rojas y al supervisor de árbitros. Al solicitarle que trasladara la discusión a una oficina para destrabar la situación, el director reaccionó de forma violenta y impactó la cabeza del comisario con un bate de béisbol.
Rojas, exjugador e integrante de la dirección del equipo sub-15 campeón panamericano, fue trasladado de urgencia al Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, donde recibió cinco puntos de sutura. Aunque de momento no se han reportado lesiones craneales graves, el técnico deberá someterse a revisiones médicas periódicas. La policía fue notificada del suceso y el agresor quedó suspendido temporalmente, mientras las autoridades de la isla otorgan a la CNB un plazo de 30 días para emitir un fallo, sin que hasta el momento haya trascendido una declaración oficial sobre la agresión.
Decadencia institucional y frustración en el deporte nacional
El estallido de violencia ha generado una ola de indignación en redes sociales y entre especialistas, quienes exigen responsabilidades penales y la expulsión definitiva de Sánchez, un mánager con antecedentes de conductas antideportivas y un estilo recurrentemente agresivo. Este episodio no es un hecho aislado, sino el reflejo de la profunda crisis estructural que sufre el béisbol cubano bajo la gestión del régimen de La Habana. El éxodo masivo de talentos, la precariedad material, la inflación y la falta de incentivos han convertido los estadios en escenarios de tensión constante, donde la frustración de atletas y técnicos ante el colapso del sistema deportivo estatal desemboca en estallidos de indisciplina.
Incluso el programa oficialista televisivo Bola Viva se vio obligado a calificar el suceso como \»inadmisible\», advirtiendo sobre el riesgo de que el deporte se deslice hacia escenarios de violencia incompatibles con su esencia. La impunidad o la falta de medidas contundentes por parte de la burocracia deportiva, amparada en el control absoluto de la dictadura cubana sobre la vida pública, solo profundizará el deterioro del pasatiempo nacional. Mientras las instituciones del Estado demoran en ofrecer respuestas claras, la ciudadanía asiste al desmoronamiento de otro de los pilares identitarios del país, víctima de la misma ineficiencia y descomposición social que impera en la isla.