El Parque de la Fraternidad, uno de los espacios históricos más emblemáticos de Centro Habana, yace en estado de abandono total. La falta de mantenimiento por parte de las autoridades de la isla, sumada a la escasez de combustibles que obliga a los ciudadanos a extraer la madera de sus bancos para cocinar, ha convertido este sitio patrimonial en un reflejo de la profunda crisis económica y social que atraviesa Cuba.
Inaugurado durante la VI Conferencia Panamericana en el gobierno de Gerardo Machado, el recinto albergaba una ceiba rodeada de tierra de repúblicas latinoamericanas y bustos de próceres independentistas. Hoy, sin embargo, el panorama es desolador. La indolencia del régimen de La Habana ha permitido que la instalación, ubicada en una zona de tránsito masivo con paradas de transporte público, pierda su valor patrimonial. La mayoría de sus bancos han sido desmantelados por la población, que recurre a la leña para suplir la carencia de gas ante el déficit energético que sufre el país.
La degradación del espacio público también ha derivado en un problema de seguridad ciudadana. Durante el día, personas sin hogar pernoctan entre los escombros y la basura que inunda los rincones del parque. Al caer la noche, la ausencia de iluminación eléctrica convierte el lugar en un punto de inseguridad, donde la delincuencia acecha a los transeúntes obligados a transitar por la zona. Esta situación ilustra el colapso de los servicios públicos básicos y la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar la seguridad y el bienestar de la población.
Limpieza oportunista y ruinas persistentes
Las acciones de mantenimiento por parte de las autoridades se limitan a operativos de imagen vinculados a conmemoraciones políticas. Recientemente, en el marco de la llamada \»Jornada de solidaridad con Puerto Rico\», militantes del Partido Comunista y miembros de organizaciones oficialistas realizaron una limpieza puntual alrededor del busto de Ramón Emeterio Betances, liderada por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Sin embargo, una vez concluido el evento y retiradas las ofrendas florales, el parque regresa inmediatamente a su estado de deterioro y acumulación de desechos.
El declive del Parque de la Fraternidad no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de la crisis estructural que afecta a la isla. A escasos metros, cruzando la calle Monte, los restos del Hotel Saratoga, derrumbado por una explosión hace tres años, permanecen sin restauración, evidenciando la parálisis institucional. Mientras la dictadura cubana priorice el lavado de imagen internacional sobre las necesidades urgentes de la ciudadanía, los espacios públicos continuarán siendo testigos mudos del fracaso de un modelo que ha despojado a la capital de su patrimonio y a sus habitantes de su calidad de vida.