Una creciente ola de pacientes con cuadros febriles ha encendido las alertas sanitarias en el municipio de Mayarí, Holguín, donde la falta de recursos para combatir al mosquito Aedes aegypti y la profunda desconfianza ciudadana en el sistema hospitalario configuran un escenario de alto riesgo. Las autoridades de la isla admiten que el subregistro de casos podría ser hasta diez veces superior al reportado oficialmente, evidenciando una vez más el abandono estructural del sistema de salud pública.
El repunte de posibles arbovirosis, como el dengue, amenaza con expandirse en las áreas de salud de Levisa y la cabecera municipal de Mayarí, especialmente en los repartos 26 de Julio, Juan George Soto y la demarcación de Colorado. Yosvani Urrutia Castaño, jefe de Lucha y Vigilancia Antivectorial en el territorio, confirmó la complejidad del panorama, agravado por la inoperancia institucional para llevar a cabo un tratamiento adulticida efectivo contra los vectores transmisores del dengue, el chikungunya y el zika.
Si bien la temporada de lluvias incrementa naturalmente la presencia del mosquito, el problema central radica en la deficiencia de la infraestructura sanitaria, responsabilidad directa del régimen de La Habana. Urrutia Castaño reconoció la existencia de riesgos ambientales crónicos, incluyendo la falta de mantenimiento en la limpieza de microvertederos y los constantes desbordamientos de aguas albañales. Esta falta de acción interinstitucional deja a los equipos de control de vectores librando una batalla en solitario frente a una crisis que trasciende lo climático y revela el deterioro de los servicios públicos.
Desabastecimiento farmacéutico y subregistro epidemiológico
El factor más alarmante del brote es la reacción de la población, que ha optado por evitar la atención médica ante la incapacidad del sistema para garantizar tratamientos básicos. \»Quince casos febriles usted tiene que multiplicarlos por 10. Son 150 personas que están en el pueblo, en nuestra comunidad, que no van al médico por un simple criterio: ‘No, ¿pa’ qué vamos a ir al hospital si no hay medicamento, nada?’\», admitió el funcionario local. Esta realidad refleja cómo el desabastecimiento farmacéutico, impulsado por las políticas del gobierno cubano, ha destruido la confianza ciudadana y multiplica el riesgo de complicaciones fatales en los hogares.
La crisis sanitaria no se limita a Holguín. En la provincia de Matanzas, la situación es igualmente crítica, con un aumento sostenido de casos febriles en municipios como Martí y Perico, que se encuentran en transmisión activa. Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, alertó sobre la circulación de los serotipos tres y cuatro de una arbovirosis, con el riesgo inminente de la introducción del serotipo dos desde La Habana y Villa Clara. Mientras tanto, la prensa oficial intenta minimizar la gravedad del escenario descartando la existencia de enfermedades \»raras o misteriosas\», una narrativa que contrasta con el sentir de abandono y desesperación que domina en las redes sociales.
El brote de arbovirosis en el oriente y occidente de la isla es un síntoma más del colapso sistémico que atraviesa Cuba. La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar condiciones higiénicas básicas, el fracaso de la campaña antivectorial y la ausencia de medicamentos esenciales configuran una emergencia que amenaza la vida de la ciudadanía. Ante la falta de transparencia y la inoperancia gubernamental, la población se enfrenta a la enfermedad en un estado de total desamparo, evidenciando que las prioridades de la dictadura cubana no residen en el bienestar de los ciudadanos, sino en el mantenimiento de su control político sin rendición de cuentas.