La Unión Eléctrica (UNE) informó que la Central Termoeléctrica Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, funciona sin afectaciones tras un incendio registrado en una instalación de fuel oil cercana. Sin embargo, la afirmación oficial contrasta con la dramática realidad nacional: un déficit de generación que rondará los 1.710 megavatios (MW) provocará que cerca de la mitad de la isla sufra apagones simultáneos durante el horario de mayor consumo.
El director general de la CTE Renté, ingeniero Jesús Aguilar Hernández, detalló que el siniestro ocurrió en una planta dedicada a la generación con fuel oil, independiente del sistema termoeléctrico principal. El ejecutivo cubano aseguró que el incidente no comprometió la seguridad ni el funcionamiento de la infraestructura, y que la unidad 5, averiada el fin de semana, será reincorporada al sistema electroenergético nacional, en un intento por transmitir un mensaje de control institucional.
Pese a este supuesto dominio de la emergencia en la provincia oriental, los datos de la propia UNE revelan la magnitud del colapso energético. La capacidad máxima prevista es de apenas 1.860 MW, frente a una demanda estimada de 3.500 MW. Esta abismal brecha se agrava por la inactividad de decenas de motores de generación distribuida, paralizados por la escasez crónica de diésel y fuel oil, lo que mantendrá sin servicio eléctrico al 49% del territorio nacional.
Un colapso estructural que castiga al oriente y a La Habana
La crisis eléctrica, que se arrastra por más de cinco años, es un reflejo directo de la incapacidad del gobierno cubano para mantener infraestructuras vitales y garantizar el suministro de combustibles. El desabastecimiento golpea con especial dureza a las provincias orientales. En territorios como Holguín, Granma y Santiago de Cuba, los apagones superan con frecuencia las 14 y hasta 20 horas diarias, mientras que en La Habana los cortes rondan las 10 horas, evidenciando un sistema nacional al borde del colapso total.
La persistencia de estos cortes de energía, que ya han provocado el quinto colapso total del sistema en lo que va de 2025, profundiza el deterioro de la calidad de vida y sigue siendo un motor del imparable éxodo migratorio. La dictadura cubana, lejos de presentar soluciones estructurales o planes de inversión viables, se limita a administrar la escasez y reprimir el descontento social, dejando a la ciudadanía a merced de un modelo energético que ha demostrado su fracaso absoluto.