Cuba enfrenta este miércoles un apagón masivo que afectará hasta el 57% del territorio nacional, marcando el mayor déficit de generación eléctrico de 2025 y de los últimos dos años. Según los datos de la Unión Eléctrica (UNE), la isla operará con una disponibilidad máxima de 1.580 megavatios (MW) frente a una demanda estimada de 3.500 MW, profundizando una crisis que ya ha dejado a la población sin servicio durante 24 horas seguidas en jornadas recientes.
El nuevo pico de afectación llega apenas una semana después del quinto apagón nacional en un año, que dejó al país incomunicado durante 28 horas consecutivas. La posterior sincronización del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) no ha logrado mitigar la crisis. Durante la jornada del martes, el servicio se vio interrumpido durante las 24 horas, alcanzando un déficit máximo de 2.052 MW en horas de la noche, agravado por la no entrada en operación de la Unidad 5 de la CTE Renté y los motores de la central Fuel Mariel.
Las autoridades de la isla atribuyen el colapso a una combinación de averías y mantenimientos en termoeléctricas obsoletas, sumada a la escasez crítica de combustibles y lubricantes. Actualmente, múltiples unidades clave como las de Nuevitas, Renté, Santa Cruz y Felton están fuera de servicio o en mantenimiento. Además, 496 MW están indisponibles por falta de suministro, mientras que 301 MW se ven limitados por restricciones térmicas. Aunque el régimen de La Habana ha intentado incorporar energía renovable con 31 nuevos parques solares que aportaron un máximo de 482 MW, este esfuerzo resulta insuficiente para compensar la magnitud del déficit estructural.
Responsabilidad del Estado y deterioro estructural
El gobierno cubano ha insistido en culpar a las sanciones estadounidenses por el descalabro energético, pero analistas independientes y la propia realidad técnica señalan la falta de inversión y mantenimiento durante décadas como la causa principal. Diversos cálculos estiman que el ejecutivo cubano necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema, una cifra inalcanzable para una economía que cayó un 1,1% en 2024 y acumula un retroceso del 11% en los últimos cinco años. Para 2025, la CEPAL prevé nuevamente un Producto Interno Bruto negativo, agravado por este colapso continuo de los servicios públicos básicos.
Los prolongados cortes de electricidad han servido históricamente como detonante del descontento social y estuvieron directamente vinculados a las protestas masivas de julio de 2021. Ante la imposibilidad de ofrecer soluciones reales a la crisis energética, la dictadura cubana ha optado por aumentar la vigilancia y la represión para impedir nuevos estallidos sociales. Mientras tanto, la ciudadanía se enfrenta a la incertidumbre de un sistema que no muestra capacidad de recuperación, lo que amenaza con profundizar aún más el éxodo migratorio y la crisis humanitaria en la isla.