El comunicador y escritor Luis Cino aseguró que ejercer el periodismo al margen del control estatal es su forma de aportar a la construcción de un país libre. En una reciente entrevista, el reportero, quien ha permanecido en la isla pese a las presiones del régimen de La Habana, detalló cómo la represión y el adoctrinamiento marcaron su trayectoria vital y profesional por fuera de los circuitos oficiales.
Cino, quien se incorporó al periodismo independiente en 1998 a través de la agencia Nueva Prensa Cubana y es columnista de CubaNet desde 2003, describió su labor profesional como una necesidad cívica y vital. \»Si no fuera periodista independiente, hace mucho que hubiese reventado de rabia e impotencia\», declaró. Para el escritor, hacer periodismo sorteando el control y la censura de la dictadura cubana constituye su contribución para que la nación pueda algún día alcanzar la libertad. Aunque anhela dedicar más tiempo a la ficción, aseguró que no abandonará el oficio hasta ver el fin del sistema actual, el cual presiente cercano.
Al ser consultado sobre las razones que le impidieron marchar al exilio, el periodista apuntó a sus lazos familiares y al temor ante el dolor del destierro. Sin embargo, subrayó su negativa a ceder ante las políticas de asfixia del gobierno cubano. \»No quiero darle el gusto al régimen de que me vea huir. Sería como darme por vencido, aceptar la derrota\», afirmó. En el contexto actual de profunda crisis económica y desabastecimiento, Cino admitió que en la isla apenas es posible sobrevivir y que elaborar planes a futuro resulta inviable, utilizando la escritura como un escudo contra el desánimo y la depresión que genera el entorno.
Exclusión del aparato cultural y represión sistemática
El también narrador recordó que nunca formó parte de la cultura oficial, un ámbito del que fue marginado desde temprana edad por los consabidos \»problemas ideológicos\». Su trayectoria evidencia los mecanismos de exclusión del Estado: fue expulsado del Destacamento Pedagógico en 1974 y rechazado en casas de cultura y talleres literarios. Su infancia y adolescencia transcurrieron bajo un incesante adoctrinamiento, desgarramientos familiares por causas políticas y prohibiciones de todo tipo impuestas por la dictadura, dinámicas que lo convirtieron en la \»oveja negra\» de un entorno familiar con simpatías fidelistas.
El control estatal también intentó moldear sus gustos personales. Su pasión por géneros musicales proscritos en su juventud por ser considerados \»la música del enemigo\» —como el rock, el blues y el jazz— le acarreó numerosas sanciones por \»diversionismo ideológico\». Escuchar emisoras de radio norteamericanas y transcribir letras de artistas como Bob Dylan o The Beatles no solo le permitió aprender inglés de manera autodidacta, sino que representó una vía de escape frente al aislamiento cultural y la censura cinematográfica y musical impuesta por las autoridades de la isla durante décadas.
Autor de libros como \»Los tigres de Diré Dawa\» y \»Volver a hablar con Nelson\», Cino lamentó la dureza de publicar en el exilio y la imposibilidad de obtener reconocimiento en su propio país debido al bloqueo informativo. Su testimonio ilustra la cruda realidad de los intelectuales independientes en Cuba, quienes persisten en documentar la verdad y preservar la memoria histórica a pesar de la marginación institucional y el colapso estructural que amenaza con asfixiar el pensamiento crítico en la nación.