El pastor de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Puerto Padre, en la provincia de Las Tunas, ha hecho un llamado urgente a todas las congregaciones cristianas del país para unirse a una jornada de oración de mil horas. La iniciativa, impulsada por la Iglesia del Buen Samaritano y el Presbiterio local, surge como un grito de auxilio espiritual frente a la profunda crisis de subsistencia que enfrenta la población cubana, marcada por la escasez extrema y el agotamiento ciudadano.
A través de un mensaje difundido en redes sociales, el líder religioso explicó que esta cadena de oración ya está en marcha en su comunidad y aspira a que trascienda las fronteras locales para abarcar a todo concilio e iglesia de la isla. La motivación principal, según detalló, radica en la deteriorada calidad de vida que sufren los cubanos a diario. En sus palabras, la realidad nacional ha alcanzado un punto crítico donde \»ya no podemos más con esta vida que estamos llevando\», reflejando el sentimiento de asfixia generalizada entre los ciudadanos.
El clero evangélico enfatizó la necesidad de una \»intervención sobrenatural\» que traiga respuestas radicales a los problemas que aquejan a la nación, instando al pueblo creyente a abandonar la pasividad y la indiferencia. La exhortación a la humildad y la perseverancia religiosa se erige como uno de los pocos refugios disponibles para una ciudadanía que, ante la imposibilidad de encontrar soluciones terrenales, encuentra en la fe un espacio de contención emocional.
El colapso estructural detrás del llamado espiritual
Este llamado desde Las Tunas no es un hecho aislado, sino el síntoma de una crisis sistémica provocada por las políticas del régimen de La Habana. El desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, los apagones prolongados que afectan la ya mermada infraestructura nacional y una inflación galopante han devastado la economía doméstica de las familias. Ante la ineficacia del gobierno cubano para garantizar condiciones mínimas de subsistencia y la creciente represión social que penaliza el descontento, amplios sectores de la población se ven obligados a apelar a la fe ante la falta de perspectivas políticas y económicas a corto plazo.
La convocatoria a \»orar por Cuba ahora\» subraya la gravedad del momento que atraviesa la isla. Mientras el éxodo migratorio continúa vaciando ciudades y pueblos, la desesperación interna aumenta el riesgo de estallidos sociales. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos mantienen la mirada sobre la isla, donde la incapacidad de la dictadura cubana para encauzar las demandas ciudadanas sigue empujando a la población hacia la pobreza extrema y la búsqueda de alivio en la espiritualidad, ante el silencio institucional y la falta de libertades.