El viceprimer ministro cubano, Eduardo Martínez Díaz, reconoció que el gobierno de la isla obtiene ingresos superiores a los 200 millones de dólares gracias a la producción de fármacos en territorio chino. Esta revelación contrasta de forma dramática con la aguda escasez de medicinas que sufre la población en Cuba, donde más del 70% de los medicamentos esenciales son inaccesibles para la ciudadanía.
Las declaraciones del funcionario se produjeron durante la inauguración del Instituto de Investigación Biofarmacéutica Changzhi Antai, en China, una extensión de la empresa mixta sino-cubana BPL. Martínez Díaz detalló que las autoridades de la isla han emplazado más de diez instalaciones de producción en el gigante asiático, aprovechando los menores costos de manufactura. Según el ejecutivo cubano, los ingresos generados se destinan a la compra de materias primas y al desarrollo de instituciones en el país, así como a la reinversión en las propias empresas mixtas.
En el ámbito de la colaboración bilateral, que ya supera las dos décadas, ambas partes han reconocido las posibilidades de desarrollar productos innovadores para la inmunoterapia del cáncer, enfermedades neurodegenerativas y autoinmunes. Martínez Díaz anunció además avances en telecomunicaciones y proyectos de telemedicina, incluyendo la creación del primer hospital digital en Cuba. Sin embargo, estos anuncios de modernización tecnológica resultan incomprensibles para una población que carece de acceso a los fármacos más básicos para tratar dolencias cotidianas.
Contraste entre la industria exportadora y el abandono sanitario interno
El éxito comercial de la biotecnología cubana en el exterior evidencia la profunda desconexión entre las prioridades del Estado y las necesidades de la población. Mientras el régimen de La Habana promueve la innovación farmacéutica en Asia, el sistema de salud pública en la isla atraviesa uno de sus peores momentos históricos. Los ciudadanos se ven obligados a acudir al mercado informal para conseguir tratamientos básicos, pagando precios exorbitantes por medicamentos que, en teoría, deberían ser gratuitos y distribuidos por el Estado.
La gravedad de la crisis sanitaria está respaldada por datos oficiales: a finales de 2024, de los 651 productos que conforman el Cuadro Básico de Medicamentos, 461 presentaban falta total o baja cobertura. A esto se suman las constantes donaciones de material médico provenientes de países aliados como Rusia, China, Nicaragua y Venezuela, las cuales generan un profundo escepticismo en la población, que sospecha que estos insumos terminan en farmacias en divisas, clínicas exclusivas para extranjeros o en manos de la alta dirigencia política.
La incapacidad de la dictadura cubana para canalizar sus multimillonarios ingresos biotecnológicos hacia el bienestar de su propia población subraya el fracaso de un modelo que prioriza la captación de divisas por encima del derecho a la salud. Ante la desviación de recursos y el colapso de la infraestructura hospitalaria, la crisis sanitaria amenaza con profundizar el deterioro de la calidad de vida en la isla, agudizando el éxodo migratorio de profesionales de la salud y dejando a la ciudadanía en un estado de vulnerabilidad crítica frente a cualquier emergencia epidemiológica.