Un joven de 28 años identificado como Adriel Ferrera perdió la vida tras ser alcanzado por una descarga eléctrica mientras realizaba labores agrícolas en la localidad de Río Piedras, municipio de Colón, en la provincia de Matanzas. El suceso evidencia una vez más la vulnerabilidad a la que están expuestos los trabajadores del campo en Cuba frente a fenómenos meteorológicos, agravada por la falta de infraestructuras y protocolos de seguridad eficaces por parte del régimen de La Habana.
De acuerdo con un reporte emitido por el Centro de Gestión para la Reducción de Riesgos y Desastres (CGRRD), el deceso ocurrió durante la jornada del viernes cuando la víctima se encontraba trabajando en un área rural. La descarga eléctrica le provocó la muerte de forma inmediata. Esta tragedia se suma a una serie de incidentes fatales recientes en la isla relacionados con tormentas eléctricas, incluyendo el caso de una mujer de 42 años fallecida en la misma provincia el pasado 8 de agosto, y la muerte de tres menores en Villa Clara a inicios de este mes.
Estudios elaborados por el Instituto de Meteorología (Insmet) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) señalan que los rayos constituyen la principal causa de muerte por fenómenos naturales en Cuba. Entre 1987 y 2017, se documentó un promedio anual de 54 fallecidos por esta causa, con una mayor incidencia durante los meses de verano. Asimismo, reportes internacionales indican que Cuba y Panamá presentan la mayor proporción de muertes por este fenómeno en la región, un dato que contrasta drásticamente con la incidencia en países desarrollados.
Desprotección laboral y vulnerabilidad en el campo cubano
Aunque el impacto de rayos es un fenómeno natural, la alta tasa de mortalidad asociada en Cuba responde también a factores estructurales y a la ineficacia del gobierno cubano en materia de prevención. La percepción de riesgos sigue siendo baja en las comunidades rurales, donde los trabajadores agrícolas enfrentan condiciones precarias, sin acceso a refugios seguros ni a equipos de protección adecuados durante las tormentas. La crisis económica que atraviesa la isla ha profundizado el deterioro de las instalaciones estatales y privadas, dejando a la población campesina expuesta a la intemperie para cumplir con metas de producción que el régimen exige sin garantizar su integridad física.
La repetición de estos episodios fatales plantea serias interrogantes sobre las políticas de seguridad laboral y gestión de desastres implementadas por las autoridades de la isla. Mientras la dictadura cubana mantiene su discurso de supuesta preparación frente a los embates climáticos, la realidad en el campo demuestra un abandono sistemático hacia los trabajadores. La falta de inversión en educación preventiva y en infraestructura básica de protección seguirá cobrando vidas si no se adoptan medidas reales que prioricen la seguridad de los ciudadanos por encima de las exigencias productivas del Estado.