La aerolínea Southwest Airlines ha solicitado al Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) una exención temporal para reducir a la mitad sus frecuencias diarias entre Tampa y La Habana, una decisión que evidencia el desplome del mercado hacia la isla y el profundo fracaso de la estrategia turística del régimen de La Habana.
De ser aprobada, la medida entrará en vigor el 4 de septiembre de 2025 y se prolongará hasta el 4 de marzo de 2026, reduciendo los vuelos de dos diarios (14 semanales) a uno solo (7 semanales). En su petición, presentada a finales de julio, la compañía aérea argumentó que las fluctuaciones en la demanda hacen insostenible mantener la operativa actual, aunque aseguró que restablecerá el servicio completo en cuanto mejoren las condiciones del mercado. Los pasajeros afectados contarán con opciones de reacomodo en los vuelos disponibles o reembolsos integrales.
Este recorte no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una tendencia generalizada de repliegue de la aviación comercial estadounidense hacia el territorio cubano. United Airlines suspenderá a partir del próximo 2 de septiembre su ruta Houston-La Habana —la única conexión directa desde fuera de Florida hacia la isla— alegando una \»volatilidad sostenida de la demanda fuera de temporada\». A esta coyuntura se suman American Airlines y Delta, que ya han ejecutado o solicitado ajustes similares en sus servicios hacia el destino caribeño.
El colapso del sector turístico y la crisis estructural
Las cifras oficiales confirman la magnitud del descalabro. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el número de visitantes internacionales a Cuba cayó un 25 % durante el primer semestre del año en comparación con el mismo período anterior, con una disminución específica de los viajes desde Estados Unidos cercana al 19,1 %. El desabastecimiento generalizado, el colapso de los servicios públicos, la inseguridad y la falta de incentivos reales disuaden tanto al turismo tradicional como a los viajeros que buscan reconectar con familiares en la isla, ahogando una de las pocas fuentes de ingresos que aún intenta explotar el gobierno cubano.
La reducción de rutas aéreas no solo complica los planes de viaje y el envío de remesas de la diáspora, sino que aísla aún más a la nación y agrava la asfixia económica derivada de la mala gestión del ejecutivo cubano. Ante la incapacidad de las autoridades de la isla para ofrecer un entorno atractivo y estable para el turismo o el comercio, el sector aéreo seguirá reaccionando con la lógica del mercado: retirando sus operaciones de un destino que, bajo el control de la dictadura, demuestra ser cada vez menos rentable y viable.