Jueves, 23 de julio de 2026
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El régimen de La Habana maquilla la indigencia mientras la crisis obliga a los cubanos a caminar por supervivencia

El presidente Miguel Díaz-Canel intentó corregir recientemente las declaraciones de su ministra de Trabajo sobre la mendigencia en la isla, acuñando el inexistente término \»deambulantes\» para referirse a quienes piden limosna. La afirmación, hecha ante la Asamblea Nacional, evidencia la desconexión del ejecutivo cubano con la realidad social y el idioma, en medio de una profunda crisis económica que obliga a la mayoría de la población a recorrer largas distancias a pie para acceder a alimentos básicos y transporte.

En un intento por suavizar la polémica generada tras las declaraciones de la titular de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó, quien aseguró que en Cuba no había mendigos sino personas \»disfrazadas\» de tales, Díaz-Canel recurrió a un eufemismo lingüístico. Al emplear la palabra \»deambulantes y deambulantas\» —un término no reconocido por la Real Academia Española—, las autoridades de la isla buscan invisibilizar una problemática que crece a pasos agigantados: la mendicidad y la indigencia en las calles, fenómenos que el gobierno cubano se niega a reconocer formalmente.

La realidad cotidiana contrasta drásticamente con el lenguaje oficial. El verbo \»deambular\», que significa caminar o vagar, define hoy la rutina de millones de cubanos que no piden limosna, sino que se ven forzados a recorrer largas distancias buscando alimentos o precios más accesibles frente a una inflación galopante y salarios estatales que no cubren las necesidades básicas. La inoperancia del sistema de transporte público, con autobuses que tardan horas en pasar o simplemente no circulan, obliga a la ciudadanía a caminar kilómetros para llegar a sus centros de trabajo o estudio, una proeza diaria en un país donde los taxis resultan inalcanzables para el bolsillo promedio.

El colapso del esparcimiento y la brecha de desigualdad

El contexto sistémico de la isla ha transformado hasta las actividades de esparcimiento. Lo que antes era un paseo familiar o una salida recreativa hacia parques o el Malecón habanero, ahora está condicionado por la disponibilidad de recursos y la distancia a pie. Mientras la población enfrenta el desabastecimiento y la desaparición de comercios tradicionales, los únicos exentos de esta obligatoria caminata son los altos dirigentes y funcionarios del Estado, quienes disponen de vehículos asignados con aire acondicionado, evidenciando la profunda desigualdad social impuesta por el modelo vigente.

A pesar de los esfuerzos retóricos de la dictadura cubana por maquillar la situación, la presencia de personas en situación de calle es cada vez más visible. Indigentes de diversas edades y condiciones físicas piden dinero o alimentos en las principales arterias del país, un fenómeno que se intensifica conforme se deteriora la economía nacional. La negación oficial de esta crisis social no solo refleja la falta de empatía del poder, sino que augura un agravamiento de la vulnerabilidad ciudadana y la marginación si no se adoptan medidas estructurales que reviertan el colapso productivo y de servicios que sufre la isla.

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Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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