Viernes, 28 de agosto de 2026
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La élite militar cubana: Senén Casas Más y su papel en la red internacional de Alejandro Castro Espín

La élite militar cubana: Senén Casas Más y su papel en la red internacional de Alejandro Castro Espín

Una investigación basada en información clasificada revela que Senén Casas Más, integrante de una prominente dinastía militar de la isla, ha acompañado a Alejandro Castro Espín en más de 40 misiones internacionales utilizando pasaportes diplomáticos del Ministerio del Interior, evidenciando la perpetuación del poder en manos de una cúpula hermética y privilegiada.

El acceso a documentos reservados desde Cuba ha permitido detallar la estrecha relación operativa entre Senén Casas Más y Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro Ruz y exasesor de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional. Según la investigación difundida por Martí Noticias, Casas Más ha participado en más de 40 desplazamientos oficiales al extranjero junto al heredero de la línea dura castrense. Estos viajes, amparados bajo la cobertura de pasaportes diplomáticos emitidos por el Ministerio del Interior (MININT), incluyeron destinos estratégicos como Rusia, China, Panamá y Francia, lo que levanta interrogantes sobre la naturaleza de las negociaciones y alianzas que el régimen de La Habana teje a puerta cerrada.

Luis Domínguez, investigador de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, fue quien tuvo acceso a la información clasificada y posteriormente la entregó a la prensa independiente. Domínguez resumió el alcance de esta red al confirmar que Casas Más, protegido por inmunidad diplomática, actuó como escolta y colaborador directo de Castro Espín en el extranjero. La vinculación entre ambos no es un fenómeno reciente. Ya en 2014, un estudio elaborado por el historiador Pedro Roig para el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, identificaba a Casas Más como hijo del general Senén Casas Regueiro y lo situaba como el \»segundo de Alejandro Castro\», consolidando su estatus dentro del círculo de confianza de la familia gobernante.

El papel de Alejandro Castro Espín dentro de la estructura de poder ha sido documentado en reiteradas ocasiones por la prensa oficialista. En septiembre de 2015, el diario Granma lo identificó como asesor de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, durante la cobertura de un encuentro entre Raúl Castro y el entonces presidente estadounidense Barack Obama en la sede de las Naciones Unidas. En marzo de 2016, durante la histórica visita de Obama a La Habana, el ejecutivo cubano volvió a exponer a Castro Espín en esa misma función, junto a Juan Francisco Arias Fernández, quien fungía como viceasesor. Esta estructura de seguridad y defensa es el núcleo desde donde las autoridades de la isla diseñan no solo la estrategia militar, sino también la represión interna y el control de la información.

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La boda de Senén Casas Más y Ana Hurtado Martínez (Captura de pantalla, tomada de CiberCuba)

La dinastía militar y el control económico

Para comprender la influencia de Senén Casas Más, es indispensable revisar su linaje. Es hijo del general de división Senén Casas Regueiro, quien se incorporó al Segundo Frente Oriental Frank País en 1958 y, tras el triunfo de la revolución, escaló posiciones hasta convertirse en ayudante del ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), viceministro primero y jefe del Estado Mayor General durante más de una década. Al momento de su fallecimiento, el 6 de agosto de 1996, ocupaba el cargo de ministro de Transporte y dirigía el grupo encargado de la política de cuadros del Estado, un puesto clave para la designación de lealtades dentro del aparato gubernamental.

El poder de la familia Casas Regueiro se extiende también a la rama económica, de la mano del tío de Senén, el general de cuerpo de ejército Julio Casas Regueiro. Este sucedió a Raúl Castro como ministro de las FAR en febrero de 2008 y mantuvo el puesto hasta su muerte en septiembre de 2011. Según informes de la agencia Reuters, durante su etapa como viceministro de las FAR, Julio Casas Regueiro construyó el conglomerado empresarial GAESA. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha catalogado a GAESA como una empresa paraguas controlada por los militares, con tentáculos en el turismo, las inversiones financieras, las importaciones, las exportaciones y el negocio de las remesas. De este modo, la familia de Casas Más no solo controla la seguridad del Estado, sino también el principal motor de captación de divisas de la isla.

En el entorno operativo de Casas Más también figuran el mayor Alaim Peña Santiesteban y Juan Francisco Arias Fernández. Las fuentes consultadas atribuyen a este último casi 30 misiones oficiales en el extranjero junto a Casas Más. Arias Fernández es descrito como un estratega militar y analista de ciberseguridad, encargado de elaborar informes de seguridad nacional y evaluaciones de amenazas para la cúpula gobernante. La presencia de expertos en ciberseguridad en estos viajes sugiere un interés creciente del gobierno cubano por fortalecer sus capacidades de vigilancia digital y control de las telecomunicaciones, herramientas que la dictadura ha utilizado sistemáticamente para vigilar, acosar y silenciar a la oposición política y a la prensa independiente.

Propaganda y privilegios frente a la crisis nacional

La vida privada de Casas Más también refleja las contradicciones del sistema. Está casado con la periodista española Ana Hurtado Martínez, quien se ha erigido como una activa defensora del régimen cubano en el extranjero. Según la investigación, Hurtado inició trámites para obtener la residencia permanente en la isla y permaneció durante meses en inmuebles ubicados en los codiciados municipios habaneros de Plaza de la Revolución y Playa, zonas reservadas para la alta nomenclatura. Además, personas cercanas a la familia detallaron sus frecuentes viajes a México, Venezuela y España, un nivel de movilidad inalcanzable para el ciudadano común en Cuba.

En 2022, el periódico oficialista La Demajagua y el portal Cubadebate presentaron a Hurtado Martínez como una cineasta y periodista que había retomado su profesión para defender al \»socialismo\» cubano. Mientras la dictadura cubana niega a los ciudadanos el derecho a la libre expresión, encarcela a reporteros independentes y censura el acceso a internet, utiliza a figuras extranjeras afines para blanquear su imagen internacional. La unión de Casas Más con una propagandista europea ilustra cómo la élite militar se rodea de perfiles que le aseguran una fachada de legitimidad y apoyo mediático en el exterior, todo mientras acumulan cientos de vuelos, con gastos de pasajes, alojamiento y viáticos sufragados a cargo de recursos públicos.

El contraste con el colapso estructural de la isla

El revelador itinerario de Senén Casas Más y su círculo íntimo no puede entenderse sin contextualizarlo en la profunda crisis estructural que atraviesa la nación. Mientras esta cúpula militar y sus allegados recorren el mundo en pasaportes diplomáticos, negociando con potencias como Rusia y China, la población cubana enfrenta una emergencia humanitaria silenciada. La inflación descontrolada, la depreciación del salario real, el colapso total del sistema electroenergético y el desabastecimiento crónico de medicamentos y alimentos básicos son la realidad diaria para millones de personas en la isla.

Este panorama de miseria generalizada contrasta de manera obscena con el lujo y la impunidad con los que opera la clase gobernante. GAESA, el imperio económico forjado por la familia de Casas Más, administra hoteles de lujo y tiendas en moneda libremente convertible, mientras las farmacias del país carecen de aspirinas y los apagones superan las 12 horas diarias en provincias del oriente. El régimen de La Habana ha estructurado un sistema de apartheid económico, donde los privilegios de la cúpula castrense se sostienen sobre la explotación de los recursos del Estado y la represión de cualquier intento de protesta social, como se evidenció tras las manifestaciones del 11 de julio de 2021.

Además, el éxodo migratorio sin precedentes que ha vacilado a la fuerza laboral y juvenil de Cuba es una consecuencia directa de esta falta de oportunidades y de la asfixia política. Más de medio millón de cubanos han abandonado el país en los últimos años hacia Estados Unidos y otras naciones, huyendo de la misma dictadura que financia los lujosos viajes internacionales de Senén Casas Más y Alejandro Castro Espín. La fuga de cerebros y la crisis demográfica que amenaza el futuro de la isla son el precio que la sociedad paga para sostener un modelo de poder dinástico que se resiste a abrir espacios democráticos o a rendir cuentas sobre la gestión de los recursos públicos.

Implicaciones para el futuro político de Cuba

La consolidación de figuras como Senén Casas Más en puestos clave de seguridad y acompañamiento diplomático envía un mensaje claro sobre la dirección del poder en Cuba. El régimen no solo mantiene su carácter autoritario, sino que se prepara para una transición liderada por la segunda generación de la élite militar, blindada por la estructura de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional. El uso de pasaportes del MININT y la realización de misiones en países como Rusia y China indican que las autoridades de la isla buscan fortalecer alianzas geopolíticas con gobiernos afines a su discurso antioccidental, en un intento por evadir el aislamiento y las sanciones internacionales impuestas por violaciones a los derechos humanos.

Para la ciudadanía, la perpetuación de esta red de poder significa la continuidad de la represión y el estancamiento económico. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos enfrentan el reto de seguir documentando y exponiendo estos mecanismos de opacidad y nepotismo. Mientras la cúpula gobernante intente asegurar su sucesión a través de personajes como Casas Más y Castro Espín, la presión sobre el gobierno cubano para exigir la apertura política, la liberación de los presos de conciencia y el respeto a las libertades fundamentales debe mantenerse como una prioridad ineludible en la agenda democrática regional y global.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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