Lunes, 31 de agosto de 2026
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Portero cubano relata su fuga en República Dominicana y denuncia retención de pasaportes y vigilancia de la dictadura

Portero cubano relata su fuga en República Dominicana y denuncia retención de pasaportes y vigilancia de la dictadura

El deportista tunero Moisés David Torres Puig, segundo portero de la selección masculina cubana de hockey sobre césped, detalló su escape de la delegación oficial durante los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. En su testimonio, el joven de 21 años expuso las severas condiciones de vigilancia, la precariedad alimentaria y el aislamiento familiar impuestos por el sistema deportivo de la isla, argumentando que regresar a Cuba equivaldría a \»dejar de ser persona\».

La fuga de Torres Puig ocurrió horas antes de la ceremonia inaugural de los juegos, marcando el inicio de una serie de deserciones que han evidenciado el colapso del modelo deportivo estatal cubano. El atleta, natural de la provincia de Las Tunas, había comenzado a planificar su salida un año antes, tras establecer contacto a través de WhatsApp con un residente en República Dominicana que le ofreció alojamiento sin conocerlo personalmente. La ejecución del plan aprovechó un partido amistoso entre las selecciones femeninas de hockey de ambos países, donde el portero simuló una lesión durante el entrenamiento para solicitar hielo y apartarse de la vigilancia de los responsables del equipo.

Una vez fuera del control inmediato de la delegación, Torres Puig intercambió su ropa con la de su contacto, se cubrió la cabeza con un abrigo y abandonó las instalaciones a pie hasta abordar un vehículo de transporte privado. En su relato, el joven detalló que integrantes del hockey femenino dominicano le advirtieron sobre los esfuerzos de las autoridades cubanas por localizarlo, recomendándole desconectarse de las redes. Aunque no tuvo confrontaciones directas, se le informó sobre gestiones de la Policía Nacional dominicana para ubicarlo a instancias de los funcionarios de la isla.

El aparato represivo tras los atletas

El testimonio del portero confirma la naturaleza represiva del control ejercido sobre los deportistas cubanos en el exterior. Torres Puig denunció que un miembro de la Seguridad del Estado viajó integrado en el equipo con la misión exclusiva de vigilar el comportamiento y el nerviosismo de los jugadores. A diferencia de las demás delegaciones, los atletas cubanos tenían prohibido salir libremente de la villa, una práctica habitual de la dictadura cubana para prevenir deserciones.

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ATLETA CUBANO QUE DESERTÓ ROMPE EL SILENCIO: “SI VUELVO, DEJO DE SER PERSONA”

La vigilancia incluyó tácticas de camuflaje que violan los protocolos internacionales de los eventos deportivos. El joven afirmó haber visto a un agente cubano vestido con el uniforme de la delegación de Puerto Rico. Esta versión coincide con una investigación publicada por el periódico dominicano Diario Libre, que documentó la presencia de agentes no acreditados de la isla en las instalaciones deportivas. Según el reporte, militares locales detectaron a varios de estos individuos persiguiendo a deportistas cubanos y los expulsaron de los recintos al comprobar su falta de credenciales.

Una de las denuncias más graves realizada por el atleta es la retención de los pasaportes. Según su testimonio, respaldado por documentos obtenidos por la prensa dominicana, los responsables cubanos confiscaron los pasaportes de todos los atletas inmediatamente después de que pasaran el control migratorio en el aeropuerto. Esta acción, que constituye una violación de la libertad de movimiento y un secuestro documental, deja a los deportistas en total indefensión legal frente a cualquier intento de fuga. Torres Puig logró conservar únicamente fotografías de su documento original.

La miseria económica del deportista estatal

La decisión de abandonar su carrera y su país también estuvo motivada por la profunda crisis económica que sufre la isla y que impacta de manera directa en la clase deportiva. Torres Puig reveló que su salario como atleta de alto rendimiento era de 3.500 pesos cubanos (CUP), una cifra irrisoria frente a la inflación galopante que azota al país. En la actualidad, una sola comida en Cuba puede costar entre 1.000 y 2.000 pesos, lo que significa que el ingreso mensual del portero apenas alcanzaba para cubrir dos o tres días de alimentación básica.

El deportista describió condiciones de vida infrahumanas en el albergue de La Habana, donde 24 personas estaban hacinadas en apenas dos habitaciones. La ración alimentaria proporcionada por el estado era insuficiente para compensar el desgaste calórico de los entrenamientos, que se extendían en dos bloques diarios, de 9:00 a 11:00 de la mañana y de 2:00 a 4:00 de la tarde. Muchos días, relató, ni siquiera había desayuno disponible para los atletas que representaban al país en competiciones internacionales.

El aislamiento era otra constante en su vida bajo el régimen de La Habana. Originario de Las Tunas, a más de 600 kilómetros de la capital, el viaje para ver a su familia podía extenderse hasta 14 horas debido al colapso del sistema de transporte público. Como consecuencia, el joven solo podía reunirse con sus seres queridos durante los meses de julio, agosto y diciembre. Esta desconexión forzada es una herramienta de control social utilizada por el gobierno cubano para mantener a los atletas concentrados y dependientes de la estructura estatal.

Contexto sistemático: El deporte como rehén del modelo totalitario

El caso de Torres Puig no es un hecho aislado, sino una manifestación clara de la crisis estructural que atraviesa Cuba. Durante décadas, el ejecutivo cubano ha instrumentalizado el deporte como vitrina propagandística del sistema, alineando los logros atléticos con su discurso político. Sin embargo, la profunda crisis económica, la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y la falta de libertades han destrozado esta fachada. Los atletas, que antes gozaban de ciertos privilegios relativos, hoy enfrentan la misma miseria que el resto de la población civil, empujándolos a desertar en masa durante cada evento internacional.

El éxodo deportivo es un termómetro de la represión social. El miedo expresado por el portero de ser encarcelado hasta por ocho años si regresaba refleja el endurecimiento punitivo de la dictadura contra quienes deciden ejercer su derecho a la libre circulación. Al desertar, Torres Puig tuvo que interrumpir el cuarto año de su carrera de Cultura Física, perdiendo un proyecto de vida forjado desde los 12 años cuando comenzó a practicar hockey. Además, se vio obligado a limitar las comunicaciones con su familia en Las Tunas para evitar que la Seguridad del Estado tome represalias contra sus seres queridos, una práctica de castigo familiar común en la isla.

Al finalizar los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el saldo para el gobierno cubano fue de cinco deserciones confirmadas de un total de 504 atletas enviados a Santo Domingo. Junto a Torres Puig, abandonaron sus equipos la remera Leah Daniella Almeida, el softbolista Yasmani Evelio Álvarez Peraza, y los esgrimistas Hershey Daniela de la Cruz y Adán Isbel Núñez Pina. Esta cifra representa un duro golpe a la moral y la logística del deporte nacional, evidenciando que ni siquiera la élite atlética está dispuesta a seguir soportando las condiciones impuestas por el estado.

Implicaciones diplomáticas y futuro de los desertores

Las tensiones generadas por la vigilancia y las fugas escalaron a un nivel diplomático sin precedentes. Las autoridades dominicanas solicitaron el retiro de nueve integrantes de la misión diplomática cubana y sus familiares, otorgando un plazo de siete días para su salida del país. Aunque la Cancillería dominicana no vinculó oficialmente esta medida con el espionaje a los deportistas, la coincidencia temporal y las investigaciones periodísticas sugieren una relación directa con la intromisión de agentes cubanos no acreditados en los recintos deportivos. Las autoridades de la isla negaron cualquier irregularidad y recurrieron a su retórica habitual, atribuyendo la expulsión a presiones de Estados Unidos.

En cuanto a los cinco atletas desertores, su situación legal permanece en proceso de regularización. Hasta mediados de agosto, permanecían en territorio dominicano bajo la protección de la Asociación Cubana en la República Dominicana, que les brinda asesoría jurídica y apoyo logístico. Dos de ellos habían iniciado su registro ante la Oficina Nacional para los Refugiados, mientras los otros tres esperaban iniciar el procedimiento. Por razones de seguridad, sus identidades y ubicaciones exactas se han mantenido en reserva para evitar cualquier intento de repatriación forzosa o acoso por parte de funcionarios leales a La Habana.

El futuro de estos jóvenes atletas, al igual que el de miles de cubanos que emprenden el exilio cada día, dependerá de la solidaridad internacional y de su capacidad para rehacer sus vidas en libertad. Para el régimen, esta nueva hemorragia de talento deportivo representa un fracaso irrefutable de su modelo de control y gestión. Mientras la dictadura cubana siga priorizando la vigilancia política y la retención de pasaportes sobre el bienestar y el desarrollo integral de sus ciudadanos, la fuga de cerebros, brazos y talentos continuará siendo la única vía de escape para quienes se niegan a \»dejar de ser personas\» en su propia tierra.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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