Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Crisis del tabaco en Villa Clara: cajetillas superan los 1.000 pesos en medio del colapso productivo y apagones

Crisis del tabaco en Villa Clara: cajetillas superan los 1.000 pesos en medio del colapso productivo y apagones

La escasez crónica de cigarros en Cuba ha alcanzado un nuevo hito en la provincia de Villa Clara, donde el mercado informal ha disparado los precios de cajetillas de marcas como H. Upmann y Popular (rojo) hasta los 1.000 pesos cubanos. La paralización de la fábrica \»Ramiro Lavandero\» en Ranchuelo, sumada a los apagones de más de 20 horas diarias y la ineficiencia del sistema de distribución normado, ha dejado a los fumadores a merced del acaparamiento y la reventa, reflejando una vez más el colapso estructural de la economía nacional bajo el régimen de La Habana.

Un meme que circula insistentemente en las redes sociales de Villa Clara ilustra con amarga ironía la magnitud de la crisis: un hombre cubierto de cadenas de oro confiesa haber amasado su fortuna vendiendo cajetillas de H. Upmann. Aunque parezca una exageración humorística, la realidad supera la ficción. En el mercado negro, una cajetilla de esta y otras marcas de la línea económica se comercializa a 1.000 pesos o más, una cifra inalcanzable para el ciudadano de a pie. Ante esta imposibilidad, los fumadores recorren largas distancias en busca de cigarros sueltos, pagando entre 40 y 50 pesos por unidad.

El impacto en la economía doméstica es devastador. Gilberto González, un jubilado especialista textil que actualmente trabaja como custodio, calcula haber gastado en las últimas semanas más de lo que ingresa en una quincena solo para mitigar la ansiedad que le provoca su adicción. \»Antes compraba una caja para dos días, pero ahora me tengo que conformar con cinco diarios\», relata González. \»Los dejo para las guardias de la noche por la ansiedad que me entra al estar solo. Sé que es algo negativo para mi salud, pero es muy difícil dejarlo ya cuando han pasado tantos años, y aquí se vive con mucho estrés\».

El estrés al que hace referencia este jubilado no es gratuito. Es el resultado directo de las políticas fallidas del gobierno cubano, que ha sumido a la población en un estado de precariedad permanente. González evoca con nostalgia los peores momentos del llamado Período Especial, cuando un amigo ingeniero perforó un maletín de trabajo para recolectar las colillas que los transeúntes tiraban en las paradas de guaguas. \»Ponía el maletín arriba del cigarro y hacía como que buscaba algo, los apagaba en el piso y después se los fumaba en su casa\». Sin embargo, el entrevistado recuerda que, incluso en aquellos \»tiempos malos\», el Estado aseguraba cierta distribución periódica a través de la libreta de abastecimiento. \»No alcanzaban para el mes, pero por lo menos podías fumar para engañar al hambre\», apunta.

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Cigarros Popular (Fotos: Laura Rodríguez Fuentes)

El silencio de las bodegas y el paro productivo en Ranchuelo

Hasta hace poco, las bodegas de Villa Clara entregaban cuatro cajetillas de cigarros sin filtro marca Popular por cada mayor de 18 años en el núcleo familiar. Sin embargo, en el actual mes, el surtido no ha arribado a las unidades de distribución. Las dependientas de la zona centro de Santa Clara confirman que ni siquiera han recibido información sobre si entrarán o no los productos, atribuyendo el retraso a supuestos problemas de transportación desde los almacenes, un eufemismo habitual del aparato burocrático para justificar la ineficiencia.

La verdadera causa de este desabastecimiento parece radicar en la paralización de la fábrica \»Ramiro Lavandero\», ubicada en el municipio de Ranchuelo, a 25 kilómetros de la capital provincial. Fundada en 1921 por los hermanos Trinidad Veloz, esta planta fue históricamente una de las más prósperas del país y el punto de partida del emporio radiofónico y empresarial de Amado Trinidad. Hoy, la industria que producía millones de cajetillas de marcas como Trinidad y Hermano y Vegueros se encuentra prácticamente inactiva.

Fuentes residentes en Ranchuelo señalan que la interrupción productiva responde directamente a los apagones diarios que superan las 20 horas en la localidad, un castigo constante para una economía que depende de un sistema energético en ruinas. Otras fuentes también vinculan el paro con la reciente epidemia de dengue que azotó al municipio. En el perfil oficial de Facebook de la fábrica, sin actualizaciones desde julio, se admitía que, aunque la empresa contaba con \»todos los recursos necesarios\», el déficit de energía eléctrica impedía avanzar en las producciones comprometidas. Ningún medio local ha explicado el atraso, evidenciando la política de opacidad informativa que caracteriza a las autoridades de la isla.

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Cartel visto en Santa Clara (Foto: Laura Rodríguez Fuentes)

Antecedentes de una crisis recurrente y la hipocresía institucional

Esta no es la primera vez que la escasez de cigarros genera un alza descontrolada de precios. Entre 2019 y 2020, los productos de la línea económica (Criollo, Titanes y Popular) desaparecieron de la red de comercios en moneda nacional. En aquella ocasión, los medios oficialistas culparon a la pandemia de COVID-19 y a roturas en la Fábrica \»Lázaro Peña\» de Holguín, responsable de más del 50% del plan nacional. También invocaron la falta de insumos como marquillas y papel de envoltura, así como problemas logísticos.

Sin embargo, mientras las marcas destinadas al consumo interno desaparecían, la empresa mixta Brascuba Cigarrillos, S.A., en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, continuaba su producción sin contratiempos, comercializándose exclusivamente en tiendas por moneda libremente convertible (MLC). Una nota del diario Granma publicada en 2022, en un intento por justificar la escasez, reveló inadvertidamente la prioridad del ejecutivo cubano: las marcas H. Upmann, Popular (con filtro), Rothmans, Dunhill y Cohiba habían cumplido su plan de producción al 86%. Es decir, la industria tabacalera funcionaba para la exportación y el turismo, marginando al ciudadano cubano.

Para maquillar la crisis, el gobierno decidió volver a distribuir los cigarros mediante la libreta de abastecimiento y, poco después, aplicó la Resolución 63 del Ministerio de Finanzas y Precios, elevando el precio minorista. Esta medida, lejos de proteger al consumidor, dio origen a un lucrativo negocio de reventa. La distribución normada inundó el mercado informal, ya que muchos no fumadores optaron por vender sus cuotas para comprar alimentos. Los precios pasaron de 300 pesos a inicios de año a 550 y 700 pesos en otras provincias, hasta alcanzar los 1.000 pesos actuales en Villa Clara.

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Venta de cigarros en moneda libremente convertible (Foto: Laura Rodríguez Fuentes)

Contexto: El colapso sistémico y el mercado negro como única opción

La crisis del tabaco no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más de la descomposición estructural que atraviesa Cuba. La incapacidad del régimen de La Habana para garantizar la producción industrial está directamente vinculada a la falta de inversiones, el envejecimiento de la infraestructura y, sobre todo, a la crisis energética que paraliza el país. Los apagones prolongados no solo impiden la fabricación de cigarros, sino que destruyen la cadena de frío de los alimentos, afectan el bombeo de agua y colapsan la ya precaria vida cotidiana.

En este escenario de inflación galopante y depreciación del salario real, la población sobrevive mediante estrategias informales. El mercado negro se ha convertido en el principal proveedor de bienes para los cubanos, operando al margen de una legislación asfixiante. La dictadura cubana, que no duda en reprimir cualquier manifestación de descontento o emprendimiento independiente, tolera y se beneficia de la economía sumergida, ya que esta asume las fallas del Estado en la distribución.

Como resultado de la escasez oficial, han proliferado las fábricas clandestinas. En el bulevar de Santa Clara, comerciantes informales ofrecen cajetillas de Popular a 1.000 pesos y cigarros sueltos de H. Upmann a 45 pesos. Muchos de estos productos carecen del sello identificativo de la empresa y son conocidos popularmente como \»Tupamaro\» o \»rompe-pulmón\», elaborados con recortes de tabaco de dudosa procedencia. Este fenómeno representa un grave riesgo para la salud pública, un aspecto que el gobierno cubano ignora mientras no afecte sus ingresos por exportación.

La imposibilidad de acceder a un producto que históricamente formó parte de la canasta básica familiar y de la cultura nacional subraya la profundidad del fracaso del modelo económico socialista. Mientras la cúpula del poder mantiene sus privilegios y asegura la producción para el exterior, los cubanos comunes ven cómo sus salarios se evaporan frente a precios especulativos. El futuro inmediato no ofrece alivio; sin una reforma estructural que el régimen se niega a implementar, la dependencia del mercado negro, la degradación de la calidad de los productos y el empobrecimiento generalizado continuarán marcando el ritmo de vida en la isla, con la pasividad cómplice de una comunidad internacional que prioriza los negocios sobre los derechos y el bienestar de los cubanos.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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