La Unión Eléctrica (UNE) ha advertido que entre los meses de septiembre y diciembre podría producirse una coincidencia de varias unidades generadoras fuera de servicio debido a mantenimientos prolongados y averías acumuladas, en un momento en que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) atraviesa una de sus etapas de mayor fragilidad. La advertencia gubernamental confirma la incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar un servicio básico y proyecta un panorama sombrío para la población cubana de cara al final del año.
En una reciente publicación, la empresa estatal reconoció que durante el último cuatrimestre del año se prevén mantenimientos correctivos en varios bloques del SEN, así como la continuidad de un mantenimiento capital que se ejecuta desde octubre en el bloque 5 de una termoeléctrica no identificada en el reporte. La UNE admitió que la existencia de reparaciones pendientes y problemas acumulados durante períodos anteriores podría provocar que varias máquinas coincidan fuera de servicio simultáneamente, presionando aún más la ya mermada disponibilidad térmica.
Aunque el ejecutivo cubano no ofreció una proyección mensual detallada de demanda, capacidad de generación o megavatios de afectación que permita cuantificar el impacto exacto, la previsión oficial descansa en una esperada reducción estacional del consumo. Las autoridades de la isla argumentan que el cambio estacional asociado al período invernal podría generar una disminución del consumo energético diario, lo que teóricamente ofrecería una mayor ventana operativa para ejecutar trabajos correctivos en las unidades de generación térmica.
Mantenimientos críticos y termoeléctricas en estado terminal
El calendario de reparaciones se plantea en medio de una crisis aguda. La UNE anunció la continuidad de los trabajos preparatorios para el mantenimiento capital de la Central Termoeléctrica (CTE) Antonio Guiteras, el mayor bloque unitario del país. Esta intervención, pendiente desde hace más de una década —el último mantenimiento de esta magnitud se realizó en 2010—, podría prolongarse hasta 180 días, según reconoció anteriormente el director de la central, Román Pérez Castañeda. La salida del sistema de la Antonio Guiteras dejaría un vacío energético imposible de cubrir con las actuales capacidades de generación.
A esto se suma la reconstrucción de la unidad 2 de la CTE Lidio Ramón Pérez, en Felton, diseñada para aportar 250 megavatios (MW) y destruida por un incendio en 2022. Aunque el director de Generación Térmica de la UNE, Edier Guzmán Pacheco, aseguró en abril que los trabajos no se han detenido, la realidad es que esta capacidad lleva años fuera del sistema, evidenciando la lentitud burocrática y la falta de recursos del régimen de La Habana para restaurar infraestructuras vitales.
La situación actual del SEN es crítica. En un reporte reciente, la propia UNE informó que el servicio estuvo afectado por déficit de capacidad durante las 24 horas del día, con una máxima afectación que alcanzó los 2.298 MW. Para el horario pico, la empresa proyectó apenas 1.099 MW disponibles frente a una afectación estimada de 2.281 MW. Estos números ilustran un sistema operando al borde del colapso permanente, sin margen para imprevistos.
Las averías se multiplican en las plantas más importantes. El reporte estatal registró problemas en la unidad 6 de la CTE Máximo Gómez, en Mariel, y en las unidades 1 y 2 de la CTE Lidio Ramón Pérez, en Felton. Simultáneamente, permanecían en mantenimiento la unidad 3 de la CTE de Santa Cruz del Norte, las unidades 5 y 6 de la CTE Antonio Maceo, en Renté, y la unidad 5 de la CTE Diez de Octubre, en Nuevitas. La generación térmica, lejos de ser la solución, es el principal eslabón débil de la cadena energética nacional.
La excusa del bloqueo frente al fracaso del modelo
El problema no se limita a las termoeléctricas. El mismo reporte mantuvo fuera de servicio 106 centrales de generación distribuida por indisponibilidad de combustible, además de las patanas de Regla y Melones, y las centrales de fuel de Mariel y Moa. La falta de combustible es un factor determinante que el gobierno cubano ha intentado justificar atribuyendo los retrasos en reparaciones a las restricciones estadounidenses y a las dificultades para conseguir recursos financieros en el mercado internacional.
Si bien las presiones externas afectan los suministros energéticos, agencias internacionales y expertos han señalado repetidamente que la raíz del colapso eléctrico radica en la obsolescencia de la infraestructura, la falta de inversiones durante décadas y la ineficiencia del modelo económico centralizado. La UNE admite que esta situación ha provocado que averías que debieron solucionarse de manera definitiva permanezcan pendientes o se presenten de forma recurrente, acumulando problemas técnicos que hoy hacen ingobernable el sistema.
Contexto de crisis estructural y represión social
La fragilidad del SEN no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. La incapacidad de generar energía coincide con una economía en ruinas, marcada por una inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y un éxodo migratorio sin precedentes. La población se ve obligada a sobrevivir en un entorno donde los servicios públicos básicos han colapsado, afectando directamente la conservación de alimentos, el acceso al agua potable y la prestación de servicios médicos.
Ante este escenario, la respuesta del Estado ha sido la intransigencia y el silencio institucional. Cuando la desesperación ciudadana ha desembocado en protestas espontáneas por los cortes de luz, la dictadura cubana ha respondido con la represión policial, amenazas y el hostigamiento a quienes osen alzar la voz. La criminalización del descontento social evidencia la desconexión total entre el poder y las necesidades reales de la población, priorizando el control político sobre el bienestar ciudadano.
La magnitud del desastre quedó expuesta a comienzos de agosto, cuando el SEN sufrió dos apagones nacionales en menos de 24 horas, marcando el séptimo colapso general de la red en lo que va de año. Incluso tras el restablecimiento de la conexión total, los apagones por déficit de generación continuaron, demostrando que la diferencia entre una desconexión total y los cortes programados es irrelevante para una población que pasa gran parte del día a oscuras.
Perspectivas a futuro
El panorama para los próximos meses se presenta desalentador. Aunque el régimen de La Habana abriga la esperanza de que el invierno reduzca la demanda, la realidad es que cualquier avería imprevista o retraso en los mantenimientos programados podría desencadenar nuevos apagones masivos. La falta de transparencia en los reportes oficiales, que omiten detalles cruciales sobre el estado real de las plantas, impide a la ciudadanía prepararse adecuadamente para los cortes prolongados.
En conclusión, la admisión de la UNE sobre los riesgos para el último cuatrimestre del año es un reconocimiento velado del fracaso energético del gobierno cubano. Mientras no se aborden las causas estructurales de la crisis —la ineficiencia económica, la falta de inversión y el autoritarismo que ahoga cualquier iniciativa privada o cooperativa de solución—, el sistema eléctrico continuará su espiral de deterioro. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la crisis energética se convierte en el detonante de una posible inestabilidad social mayor en la isla, con un régimen dispuesto a reprimir antes que a reformar.