Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Envejecer en Cuba: El drama de la tercera edad frente al colapso de los servicios y la inacción del régimen

Envejecer en Cuba: El drama de la tercera edad frente al colapso de los servicios y la inacción del régimen

La crisis demográfica y estructural que atraviesa Cuba ha transformado el envejecimiento en un ejercicio de supervivencia extrema. Con más del 22% de su población por encima de los 60 años, la isla se ha consolidado como la nación más envejecida de América Latina, un fenómeno que colisiona frontalmente con los apagones prolongados, la escasez de agua potable y el aislamiento telefónico, dejando a los adultos mayores en un estado de vulnerabilidad absoluta ante la inoperancia de las autoridades.

Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) y estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pirámide poblacional cubana no solo se ha invertido, sino que representa un desafío ineludible para la supervivencia diaria. Cuidar a un adulto mayor en el país se ha convertido en una carrera de obstáculos contra el tiempo, el calor sofocante y la penuria material, en un contexto donde el gobierno cubano carece de respuestas estructurales para garantizar los servicios básicos.

Colapso asistencial en instituciones estatales

La precariedad es evidente en instalaciones como el Hogar de Ancianos «Santovenia», ubicado en el municipio El Cerro de La Habana. Allí, la rutina diaria comienza antes del amanecer y, frecuentemente, a oscuras. La falta de fluido eléctrico, que en ocasiones se prolonga por diez o doce horas, no solo interrumpe el alumbrado, sino que paraliza las bombas hidráulicas, dejando los tanques de agua secos y afectando los refrigeradores donde se conservan alimentos y medicamentos termolábiles, como la insulina.

Mayra Rodríguez, enfermera especialista en geriatría con más de dos décadas de servicio en dicha institución, explica que el envejecimiento acelerado exige una infraestructura que el Estado sencillamente no posee. \»Cuando hay un apagón prolongado, el esfuerzo físico del personal se triplica. Hay que subir baldes de agua por las escaleras para la higiene de los ancianos encamados, cocinar apresuradamente antes de que los alimentos se descompongan y tratar de mantener la calma de pacientes con demencia senil o Alzheimer, a quienes la oscuridad y el calor extremo descompensan severamente\», detalla la especialista.

El calvario del cuidado en los hogares

La situación en las viviendas particulares no ofrece un panorama más alentador. Rosa María González, de 52 años y residente en el municipio Diez de Octubre, tuvo que renunciar a su empleo estatal para asumir el cuidado a tiempo completo de su madre, de 86 años. La falta de energía eléctrica imposibilita el uso de ventiladores, lo que provoca que los ancianos sufran de úlceras en la piel debido a las altas temperaturas.

A la crisis energética se suma el aislamiento forzado. Cuando las interrupciones en las telecomunicaciones cortan la cobertura y la red de datos, las familias quedan incomunicadas. \»No puedo hablar con mi hermano en el exterior para coordinar el envío de medicinas. Si a mi mamá le da una crisis en la madrugada, no tengo cómo llamar a una ambulancia ni pedir auxilio. La angustia es permanente\», relata González, evidenciando cómo el colapso de la infraestructura estatal afecta directamente el derecho a la salud y a la vida.

Impacto del éxodo migratorio y la crisis económica

El acelerado envejecimiento de la sociedad cubana se ha visto drásticamente agravado por la mayor ola migratoria de la historia reciente de la isla, protagonizada mayoritariamente por jóvenes y personas en edad reproductiva. Este éxodo masivo, motivado por la falta de oportunidades y la represión sistémica, ha dejado a una vasta población anciana viviendo sola, dependiendo de remesas fluctuantes o de pensiones estatales que han sido devoradas por la inflación galopante.

Mario Pérez, jubilado de 74 años, camina cada madrugada varios kilómetros en el centro de la capital para conseguir agua potable en un punto de distribución con cisterna. Vive solo tras la emigración de sus dos hijos. Su pensión es de 1.528 pesos cubanos, una cifra que en el mercado informal apenas permite adquirir un blíster de enalapril para la presión arterial, cuyo precio equivale a la mitad de sus ingresos mensuales. \»Dependo de la solidaridad de los vecinos cuando se va la luz o cuando me quedo sin agua. Aquí los viejos nos cuidamos entre nosotros, pero cada día tenemos menos fuerza\», confiesa Pérez.

Contexto: Una crisis sistémica sin retorno

El drama de la tercera edad en Cuba no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de décadas de mala gestión por parte del régimen de La Habana. El sistema de seguridad social y pensiones está descapitalizado en términos reales, tras el fracaso del llamado \»Ordenamiento Monetario\» implementado en 2021, el cual disparó la inflación y destruyó el poder adquisitivo de los jubilados. La pensión mínima actual apenas permite comprar un par de productos de la canasta básica, empujando a los ancianos a la indigencia.

Para el Dr. Juan Carlos Albizu-Campos, economista y demógrafo cubano investigador asociado al Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD), el país enfrenta una \»encrucijada estructural\» sin retorno sin reformas profundas. \»Cuba experimenta una transición demográfica avanzada, pero en condiciones de subdesarrollo y contracción económica. La tasa de dependencia ha alcanzado niveles críticos: cada vez hay menos trabajadores activos para sostener a una masa creciente de jubilados. Asistimos a una feminización y precarización del cuidado\», señala el experto.

El déficit de infraestructura pública se manifiesta en la escasez de asilos, casas de abuelos y servicios de asistencia domiciliaria. Ante la incapacidad del Estado para cubrir la demanda básica, la carga ha recaído sobre iniciativas comunitarias e instituciones religiosas, que operan con recursos al límite. La dictadura cubana, que históricamente ha ostentado su supuesta atención a los sectores vulnerables como trofeo internacional, hoy evade su responsabilidad mientras la red sociosanitaria se desmorona sin control democrático ni rendición de cuentas.

Antecedentes y abandono institucional

Históricamente, el gobierno cubano se jactó de tener uno de los sistemas de seguridad social más robustos del hemisferio sur. Sin embargo, el deterioro del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), la falta de mantenimiento a la red hidráulica y el colapso de la industria farmacéutica nacional han desnudado la fragilidad del modelo. La falta de medicamentos para enfermedades crónicas no transmisibles, propias de la tercera edad, ha convertido a las farmacias en escenarios de desesperación diaria para los jubilados.

Los informes recientes de la ONEI y los estudios del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) coinciden en un diagnóstico unánime: mientras la crisis sistémica continúe, envejecer en la isla seguirá siendo sinónimo de vulnerabilidad extrema. El déficit de políticas públicas integrales —que deberían incluir el rediseño de las pensiones, subsidios directos al cuidado y la prioridad energética para la red asistencial— evidencia una falta de voluntad política del ejecutivo cubano para proteger a los ciudadanos más desprotegidos.

Consecuencias y panorama futuro

El futuro inmediato para la tercera edad en Cuba se proyecta sombrío. Sin un cambio sustancial en la gestión de los recursos y en el respeto a los derechos fundamentales, la mortalidad asociada al abandono y la falta de atención médica oportuna seguirá en aumento. La comunidad internacional y las organizaciones humanitarias enfrentarán el reto de canalizar ayuda a una población cautiva que no tiene voz ni mecanismos para exigir sus derechos.

El abandono de los adultos mayores es, en esencia, el reflejo más crudo del fracaso del modelo impuesto por el régimen. Mientras las autoridades de la isla destinan recursos al aparato represivo y al turismo militar, los ancianos de Cuba siguen esperando en la oscuridad, cargando baldes de agua y contando monedas para comprar una pastilla que les permita seguir sobreviviendo un día más en un país que los ha olvidado.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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