El reconocido director de cine Fernando Pérez denunció públicamente el arresto del activista Leonardo Romero Negrín, detenido tras participar en un cacerolazo en Centro Habana, y advirtió que la criminalización de la juventud crítica está fracturando al país.
En un mensaje de audio grabado durante un apagón y difundido a través de redes sociales, el cineasta expresó su solidaridad con Romero Negrín, quien fue encarcelado por exigir espacios de participación ciudadana. Pérez señaló que el encarcelamiento de jóvenes por expresar sus ideas ha generado una \»fractura ya demasiado abismal\» entre la nueva generación y el gobierno cubano. El realizador enfatizó que no conoce personalmente al activista, pero está al tanto de su trayectoria y defendió que no debe permanecer en prisión, al igual que el resto de los presos políticos en la isla.
La detención de Romero Negrín se produjo en su propio barrio, de manera violenta, tras sumarse a una protesta espontánea motivada por el malestar social derivado de los prolongados cortes de electricidad, la escasez de alimentos y las recientes medidas económicas impuestas por el régimen de La Habana. Familiares y allegados del joven han acudido a las instituciones para obtener información sobre su paradero y situación legal, pero las autoridades han mantenido un hermético silencio sobre el expediente del caso.
Represión ante el colapso estructural
El arresto de Romero, quien ha sido objeto de múltiples detenciones por motivos políticos desde las manifestaciones del 11 de julio de 2021, se inscribe en la estrategia sistemática de la dictadura cubana para acallar cualquier expresión de descontento social. Ante el agravamiento de la crisis estructural de la isla —marcada por una inflación galopante, el colapso del sistema electroenergético y un masivo éxodo migratorio— la respuesta del Estado ha sido endurecer la persecución y la censura contra los ciudadanos que exigen soluciones.
Pérez cerró su reflexión con una advertencia sobre las consecuencias a futuro: mientras los jóvenes no sean escuchados y se les siga reprimiendo, la nación seguirá fragmentada. La indiferencia del ejecutivo cubano ante las demandas de su población no solo profundiza la crisis social y política interna, sino que consolida un escenario donde la represión se impone como única vía de diálogo, dejando a la ciudadanía ante la disyuntiva del exilio o la cárcel.