Lunes, 14 de septiembre de 2026
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El colapso de la alimentación escolar en Cuba: las familias enfrentan precios exorbitantes para suplir las fallas del Estado

El colapso de la alimentación escolar en Cuba: las familias enfrentan precios exorbitantes para suplir las fallas del Estado

SANTA CLARA, Cuba. — El inicio del curso escolar en Cuba ha dejado al descubierto el profundo deterioro de los servicios básicos, con la alimentación de los menores como uno de los principales focos de angustia para las familias. Un video publicado por la creadora de contenido Sahily Yankier, donde detalla un gasto superior a 25.000 pesos en meriendas escolares, ha desatado un debate social sobre la profunda desigualdad y el colapso del sistema educativo. Mientras un reducido sector de la población puede costear refrigerios en mercados de divisas, la gran mayoría de los estudiantes recibe raciones insuficientes y de bajo valor nutritivo en los seminternados, obligando a padres y abuelos a desembolsar sumas inalcanzables para evitar que sus hijos pasen hambre.

El descontento en las redes sociales estalló tras la publicación del material audiovisual de Yankier, donde se exhibía la compra de refrigerios básicos como cajas de jugo, refresco instantáneo en polvo, galletas y mayonesa. Aunque para la creadora esto representa una rutina, los comentarios evidenciaron una realidad mucho más cruda: gran parte de las familias cubanas ni siquiera tiene acceso a estos productos en los estantes vacíos de las tiendas, y mucho menos posee el poder adquisitivo para adquirirlos. La cifra mencionada equivale a varios salarios medios estatales, evidenciando la brecha insalvable entre los que reciben remesas y los que dependen exclusivamente de la economía nacional.

La situación en los centros educativos contrasta dramáticamente con cualquier exhibición de compras privadas. En el inicio del curso en varias escuelas primarias de Santa Clara, el almuerzo consistió únicamente en arroz blanco y guayaba troceada. Durante el resto de la semana, el menú escolar incluyó pan y un cucharón de chícharos aguados, según testimonios coincidentes de madres y padres cuyos hijos asisten a distintos seminternados del centro de la ciudad. La calidad de estos alimentos también es objeto de quejas recurrentes, denunciando que el arroz suele estar mal escogido o cocinado de manera deficiente, con granos duros.

Ante la insuficiencia de las raciones estatales, las familias se ven obligadas a intervenir. Vivian, enfermera jubilada y abuela de una menor que asiste a la escuela primaria \»Juan Oscar Alvarado\», ha optado por cocinar con carbón en su hogar para asegurar que su nieta esté bien alimentada y evitar enfermedades estomacales. \»Nuestra economía no es la mejor, pero al menos intento llevarle salchicha o huevo, que ya vale 180 pesos cada uno\», relata. Aunque en teoría no está permitido el ingreso de personal en horario lectivo, en varios seminternados las autoridades han tenido que autorizar a los familiares a llevar recipientes con comida al mediodía para complementar la exigua ración escolar.

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Cartel en una escuela primaria de Santa Clara (Foto: Laura Rodríguez Fuentes)

El caso de Yadira Vázquez, madre de dos menores en educación primaria y secundaria, ilustra la carga financiera de esta crisis. En tan solo una semana de curso, Yadira calcula haber invertido más de 5.000 pesos para garantizar las meriendas y el llamado \»refuerzo\» al mediodía. Su salario como dependienta le permite cubrir el gasto, una ventaja inaccesible, según ella misma admite, para la mayoría de las familias que dependen de un sueldo estatal. \»La merienda que le dan a la mayor en la secundaria cabe en una mano\», describe. \»Es un pan chiquito con aceite o una lasquita de embutido, a veces con queso fundido, y un vaso de refresco instantáneo caliente. ¿Qué puede alimentar eso a un adolescente en crecimiento?\», cuestiona.

Antecedentes de un programa en ruinas

El contraste con el pasado es evidente. En 2002, el gobierno cubano estableció oficialmente el programa de meriendas escolares para las escuelas secundarias básicas urbanas. En aquel entonces, el programa consistía en un pan de alto gramaje con cárnicos o lácteos, acompañado por un vaso de yogur de soya. Según fichas del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN), el diseño del programa tenía como objetivo cubrir el 30% de las recomendaciones nutricionales para esas edades, garantizando la energía y los nutrientes necesarios para un crecimiento armónico. Más de dos décadas después, este programa es un recuerdo lejano, sustituido por raciones que no logran saciar el hambre de los estudiantes.

El observatorio independiente Food Monitor Program (FMP), dedicado a evaluar la seguridad alimentaria en la Isla, recopiló entre abril y junio de 2023 testimonios en provincias como Pinar del Río, La Habana, Artemisa y Cienfuegos. El estudio arrojó graves irregularidades, incluyendo la ausencia de agua potable en los centros y el suministro de alimentos de bajo valor nutritivo y no inocuos. En la capital, los entrevistados aseguraron que el menú escolar se componía a menudo de sopa de arroz, pan y tomate. El informe determinó que el 78% de los hogares debía complementar la alimentación de los menores durante la jornada escolar, y más de la mitad consideraba insuficiente el almuerzo ofrecido por el Estado.

La organización también alertó sobre la manipulación de la información oficial. Según el FMP, \»la información oficial sobre la seguridad alimentaria en Cuba avalada por los organismos internacionales con presencia en la Isla resulta segmentada, desactualizada y a menudo reinterpretada desde criterios ideológicos\». Esta opacidad impide dimensionar con exactitud la crisis nutricional infantil, aunque las evidencias en los propios centros educativos hablan por sí solas.

Contexto sistémico: inflación, desabastecimiento y la fractura social

La crisis alimentaria en las escuelas no es un fenómeno aislado, sino el reflejo directo del colapso económico estructural que sufre la isla. La inflación galopante y la devaluación del salario real han convertido la alimentación básica en un artículo de lujo. Las autoridades de la isla han perdido el control sobre la distribución de alimentos, y el Estado ha fracasado en su rol de garante de la seguridad alimentaria, transfiriendo la responsabilidad total a las familias, quienes deben \»inventar\» a diario frente a la escasez y los precios exorbitantes de los mercados agropecuarios y las tiendas en moneda libremente convertible.

El régimen de La Habana persiste en culpar al embargo estadounidense —al que en las escuelas se le denomina \»bloqueo\»— por la falta de alimentos, una narrativa que choca frontalmente con la realidad de una economía centralizada e ineficiente. La dictadura cubana mantiene un control férreo sobre la producción agrícola, la propiedad de la tierra y la importación de insumos, impidiendo el desarrollo de un mercado interno dinámico que pueda abastecer a la población. La falta de combustibles, la descapitalización de la industria nacional, la corrupción institucional y la negativa a permitir la libre empresa son los verdaderos motores de la escasez que hoy padecen los niños en las aulas.

Esta situación está generando una fractura social sin precedentes. La disparidad entre los menores que pueden llevar atún, carne de res o huevo hervido y aquellos que pasan el día con un pan aguado y refresco caliente evidencia el fracaso del modelo igualitario proclamado históricamente por el ejecutivo cubano. Una profesora de quinto grado con más de 30 años de experiencia, bajo condición de anonimato, relata que en la escuela \»Vietnam Heroico\» de Santa Clara, en los años 2000, se prohibía a los familiares ingresar con alimentos considerados lujos para evitar diferencias visibles. Hoy, lamenta la docente, \»es doloroso ver que unos pocos niños pueden llevar hasta carne de res; otros, algún pedacito de mortadela criolla; y algunos, absolutamente nada\». La profesora confiesa que su única intervención pedagógica ha sido prohibir las burlas y motivar a sus alumnos a compartir el \»plato fuerte\» con quienes no tienen nada.

Implicaciones y consecuencias a futuro

El panorama actual augura un empeoramiento de la crisis educativa, que ya sufre el éxodo masivo de docentes y la constante migración de padres que buscan mejores condiciones de vida en el extranjero, dejando a sus hijos al cuidado de abuelos que sobreviven con pensiones miserables. El impacto nutricional en una generación de niños y adolescentes en pleno desarrollo físico y cognitivo amenaza con dejar secuelas irreversibles en la salud pública y el rendimiento académico de la población. La falta de proteínas y vitaminas esenciales en la dieta escolar se suma a la crisis de salud mental que padecen los menores ante la presión económica familiar.

La comunidad internacional y los organismos defensores de los derechos humanos deben prestar atención a esta vulneración sistemática de los derechos del niño en Cuba, donde el acceso a una alimentación digna se ha convertido en un privilegio de pocos. Mientras el gobierno cubano no asuma la responsabilidad de sus políticas fallidas y no abra espacios para la libre producción y distribución de alimentos, las escuelas seguirán siendo escenarios de hambre y desigualdad. Las familias cubanas se enfrentan a la cruda realidad de un sistema que, tras décadas de promesas, no puede garantizar ni siquiera un vaso de leche o un trozo de pan digno para sus hijos, profundizando el agotamiento social frente a un modelo que ha demostrado su fracaso absoluto.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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