Miércoles, 22 de julio de 2026
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Ganadero en Granma cuestiona el nuevo plan agrícola del régimen tras recibir multa de 200.000 pesos

Un productor ganadero de la provincia de Granma fue sancionado con 200.000 pesos por mantener su ganado en tierras ociosas, un hecho que evidencia la contradicción entre las promesas oficiales de flexibilización agrícola y la persecución burocrática contra los campesinos en Cuba.

Andrés Manuel Sosa Ramírez, un campesino del municipio de Yara con más de tres décadas de experiencia en el sector, denunció a través de redes sociales la imposición de una fuerte multa por parte de las autoridades de la isla. El productor señaló que la penalización se originó al permitir que sus animales pastaran en terrenos sin explotar, una práctica que aseguró no causó perjuicio alguno. \»No tengo ningún otro delito\», afirmó Sosa Ramírez, quien cuestionó directamente la eficacia de las recientes reformas económicas anunciadas por el gobierno cubano para revitalizar el campo.

El conflicto de este ganadero con el aparato estatal no se limita a esta sanción. Semanas antes, el Centro Nacional de Control Pecuario (CENCOP) le había impuesto otra multa de 60.000 pesos por una supuesta discrepancia en la edad registrada de algunos de sus animales. Ante esta acumulación de penalizaciones, el productor propuso venderle al Estado dos de sus mejores vacas, productoras de diez litros de leche diarios, a 100.000 pesos cada una, para poder hacer frente al pago. Su caso, viralizado en Facebook, refleja el acoso sistemático que enfrentan los productores privados en medio de la profunda crisis de desabastecimiento que sufre el país.

Medidas oficiales frente a la represión burocrática

La denuncia de Sosa Ramírez cobró notoriedad apenas unos días antes de que la dictadura cubana anunciara un paquete de 176 medidas económicas, supuestamente diseñadas para impulsar la producción nacional de alimentos. El denominado \»Eje 7\» sobre agricultura incluye promesas como la entrega de tierras en usufructo indefinido, flexibilización de precios y la creación de un Banco de Fomento Agrícola. Sin embargo, el testimonio del campesino de Yara ilustra el escepticismo generalizado: mientras el ejecutivo cubano vende una imagen de apertura, los agricultores continúan enfrentando trabas administrativas, controles asfixiantes y un marco legal que penaliza la iniciativa privada.

El descontento no se limita a los productores locales. Organizaciones independientes y analistas económicos coinciden en que estas reformas son insuficientes para revertir el colapso estructural del sector agrícola, marcado por la inflación, la falta de insumos y la inseguridad jurídica que ha provocado un masivo éxodo de trabajadores del campo. A esta crítica interna se suma la respuesta de la comunidad internacional. El Departamento de Estado de Estados Unidos calificó recientemente las medidas del régimen de La Habana como \»señales de humo superficiales\» que llegan tarde y no abordan los problemas reales de la economía cubana.

En última instancia, el caso del ganadero sancionado en Granma proyecta un panorama desalentador para la soberanía alimentaria de la isla. Mientras el control político y la arbitrariedad estatal sigan por encima de las necesidades productivas, las nuevas disposiciones agrícolas parecen destinadas a fracasar. La incapacidad del sistema para liberar las fuerzas productivas no solo profundizará la escasez crónica de alimentos, sino que seguirá empujando a la ciudadanía hacia la migración desesperada, lejos de las promesas incumplidas de un régimen que prioriza su supervivencia sobre el bienestar de la población.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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