Jorge Messi, padre del futbolista Lionel Messi y pieza fundamental en la construcción de una de las trayectorias más laureadas del fútbol mundial, falleció a los 68 años en un sanatorio de Rosario, Argentina, donde permanecía hospitalizado debido a una enfermedad prolongada. Su deceso marca el fin de una figura que acompañó cada etapa de la carrera de su hijo, desde las infantiles de Newell’s Old Boys hasta la consagración en el Mundial de Qatar 2022.
La noticia, confirmada por diversos medios argentinos, trascendió rápidamente las fronteras del país sudamericano y generó una ola de reacciones en todo el mundo del deporte. Jorge Messi no fue únicamente el padre de un fenómeno futbolístico; fue su representante, su consejero y el arquitecto de decisiones que definieron el rumbo de una carrera sin precedentes. Su papel, aunque a veces controvertido, resultó determinante para que un adolescente con problemas de crecimiento pudiera convertirse en el jugador más premiado de la historia.
Nacido en Rosario, Jorge Messi construyó una vida ligada al trabajo y al fútbol desde temprana edad. En su juventud jugó como mediocampista en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys, aunque abandonó la práctica deportiva tras cumplir el servicio militar. Posteriormente se formó como técnico químico y trabajó durante la década de 1980 en la empresa siderúrgica Acindar, donde llegó a ocupar un cargo gerencial. Estuvo casado con Celia Cuccittini, con quien tuvo cuatro hijos: Lionel, Rodrigo, Matías y María Sol.
El padre que cruzó el océano por su hijo
El punto de inflexión en la vida de Jorge Messi llegó cuando su hijo comenzó a destacar en las categorías infantiles de Newell’s. El joven Lionel necesitaba un tratamiento hormonal para afrontar un problema de crecimiento, y las dificultades económicas para financiar esa terapia obligaron a su padre a buscar alternativas. River Plate fue una de las opciones, pero las conversaciones con el club bonaerense no avanzaron. La familia exploró entonces la posibilidad de que Lionel viajara a España para realizar una prueba con el FC Barcelona, una decisión que transformaría para siempre la historia del fútbol.
Jorge participó directamente en las negociaciones que permitieron que Lionel, con apenas 13 años, se incorporara al club catalán. El acuerdo contempló el tratamiento médico que el adolescente necesitaba, así como otras condiciones destinadas a facilitar la permanencia de la familia en territorio español. Durante esa primera etapa, Jorge permaneció cerca de su hijo en Barcelona, mientras Celia Cuccittini se quedó al frente de los asuntos familiares desde Rosario. Desde ese momento, el padre de Messi mantuvo un papel central en la gestión de la carrera del futbolista y en las decisiones vinculadas con su trayectoria profesional.
La figura de Jorge Messi no estuvo exenta de polémicas. Su nombre apareció en investigaciones fiscales en España relacionadas con la evasión de impuestos del futbolista, y su estilo de gestión generó opiniones divididas entre directivos, periodistas y aficionados. Sin embargo, pocos discuten que sin su determinación para buscar soluciones fuera de Argentina cuando el sistema local no respondía, la historia de Lionel Messi podría haber sido radicalmente distinta.
El fútbol como refugio y espejo para Cuba
La muerte de Jorge Messi resuena de manera particular en Cuba, donde el fútbol ha ganado terreno en las últimas décadas sobre el tradicional dominio del béisbol. Millones de cubanos siguen con devoción las ligas europeas, la Champions League y los pasos de figuras como Lionel Messi, muchas veces a través de paquetes audiovisuales clandestinos o conexiones de internet precarias. El fútbol se ha convertido en una ventana de escape frente a una realidad cotidiana marcada por el desabastecimiento, los apagones y la falta de perspectivas.
Sin embargo, la historia de Jorge Messi —un padre que logró movilizar recursos y contactos para que su hijo recibiera un tratamiento médico en el extranjero— contrasta dramáticamente con la realidad de las familias cubanas. El régimen de La Habana ha presenciado el colapso progresivo de su sistema de salud, otrora considerado un logro de la revolución. Hoy, la falta de medicamentos básicos, la infraestructura hospitalaria deteriorada y la escasez de insumos médicos hacen que situaciones tratables se conviertan en tragedias evitables. Mientras Jorge Messi pudo buscar alternativas para su hijo, los padres cubanos enfrentan un sistema que no ofrece respuestas ni salidas legítimas.
La historia del tratamiento hormonal de Lionel Messi también evoca, por contraste, las dificultades que enfrentan los pacientes cubanos con enfermedades crónicas o condiciones que requieren atención especializada. La dictadura cubana ha mantenido un discurso propagandístico sobre la gratuidad y universalidad de la salud, pero la realidad cotidiana desmiente esa narrativa. Padres cubanos que necesitan tratamientos para sus hijos dependen de remesas familiares, donaciones de amigos en el exterior o del mercado negro para conseguir fármacos que deberían estar garantizados por el Estado.
El éxodo deportivo y la fuga de talentos
El caso de los Messi también invita a reflexionar sobre el fenómeno migratorio en el ámbito deportivo cubano. En las últimas dos décadas, decenas de atletas cubanos han abandonado el país durante giras internacionales o han buscado formas de emigrar para desarrollar sus carreras en condiciones dignas. El gobierno cubano ha criminalizado históricamente estas decisiones, calificándolas de \»deserción\» y aplicando medidas punitivas contra los deportistas que optan por continuar su trayectoria fuera del control estatal.
Mientras Lionel Messi pudo desarrollar su talento en un club europeo con la cobertura médica y las condiciones necesarias para su crecimiento, los jóvenes talentos cubanos enfrentan un sistema deportivo empobrecido, con instalaciones deterioradas, entrenadores mal remunerados y una burocracia que asfixia cualquier iniciativa individual. Las autoridades de la isla han priorizado el control ideológico sobre el desarrollo deportivo, y el resultado ha sido la fuga masiva de atletas en disciplinas como el béisbol, el boxeo, el atletismo y el fútbol.
El contraste es elocuente: en Argentina, un padre con recursos limitados pero con libertad de movimiento logró que su hijo accediera a un tratamiento en otro país. En Cuba, el régimen de La Habana impone restricciones migratorias, controles burocráticos y represalias políticas que impiden a las familias buscar soluciones fuera de las fronteras nacionales. La diferencia no es solo de recursos, sino de libertades.
Un legado que trasciende el fútbol
Lionel Messi, actualmente de 39 años, desarrolló en Barcelona la mayor parte de su carrera, donde conquistó múltiples títulos de La Liga, Champions League y Balones de Oro. Posteriormente pasó por el Paris Saint-Germain y actualmente juega en el Inter Miami de la Major League Soccer. Con la selección argentina obtuvo la Copa América y el Mundial de Qatar 2022, coronando una trayectoria que comenzó gracias a la determinación de su padre.
La muerte de Jorge Messi cierra un capítulo fundamental en la historia del fútbol contemporáneo. Su legado, más allá de las polémicas, es el de un padre que asumió la responsabilidad de guiar a su hijo en un mundo complejo y competitivo. Para los cubanos que siguen al fútbol como una pasión y como un escape frente a la crisis, la historia de los Messi también funciona como un recordatorio de lo que la libertad y la determinación familiar pueden lograr cuando no existen las restricciones que impone un sistema autoritario.
El futuro de la carrera de Lionel Messi sin la presencia de su padre y representante abre interrogantes sobre la gestión de sus intereses comerciales y deportivos. Pero más allá de eso, su fallecimiento simboliza el cierre de una era en la que una familia, con todos sus conflictos y contradicciones, logró construir una de las trayectorias más extraordinarias del deporte mundial. Para millones de cubanos que sueñan con un futuro distinto, la historia de los Messi es también la historia de lo que pudo haber sido y lo que podría ser si las condiciones de libertad existieran en la isla.