El Instituto de Meteorología de Cuba (Insmet) pronostica una temporada ciclónica en el Atlántico menos activa de lo habitual, pero alerta sobre un riesgo del 40% de que al menos un huracán impacte directamente en la isla durante 2026, una amenaza que se cierne sobre una nación ya sumida en una profunda crisis estructural.
De acuerdo con el informe divulgado por la institución, las condiciones oceánicas y atmosféricas actuales en el Atlántico Norte, el Golfo de México y el mar Caribe no propician una actividad ciclónica intensa. Los especialistas señalaron que el reciente enfriamiento de la temperatura superficial del mar en la región tropical atlántica tiende a limitar la formación y el fortalecimiento de estos sistemas meteorológicos. Para la totalidad de la cuenca atlántica, se prevén 11 ciclones tropicales, cifra inferior al promedio histórico, de los cuales cinco podrían alcanzar categoría de huracán y dos convertirse en huracanes intensos.
Sin embargo, el escenario podría modificarse durante el pico de la temporada, entre agosto y octubre, meses críticos donde los modelos climáticos apuntan a un posible aumento de anomalías cálidas. Otro factor bajo observación es la eventual formación de un evento El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) a partir de junio o julio. Aunque un evento débil tendría efectos limitados, el Insmet indicó que existe la posibilidad de que sea de intensidad moderada o superior, lo cual contribuiría a reducir la actividad atlántica. Pese a esta moderación general, la probabilidad de impacto de una tormenta tropical en territorio cubano se eleva al 75%, mientras que la posibilidad de que un huracán se forme e intensifique dentro del Caribe alcanza el 65%.
La vulnerabilidad estructural ante desastres naturales
El pronóstico meteorológico adquiere una gravedad particular al contextualizarse en la deteriorada realidad de la isla. Las autoridades de la isla enfrentan la próxima temporada, que abarca del 1 de junio al 30 de noviembre, con un sistema nacional de defensa civil mermado por la falta de recursos y una infraestructura colapsada. El déficit habitacional, la precariedad de las viviendas y el constante desabastecimiento de materiales de construcción configuran un escenario de alta vulnerabilidad para la población civil, que ha visto cómo el gobierno cubano ha sido incapaz de garantizar una recuperación adecuada tras desastres anteriores.
La amenaza de un fenómeno meteorológico severo se suma a la crisis energética y al colapso de los servicios públicos que ya sufren los ciudadanos a diario. Ante la inminente posibilidad de que un ciclón afecte el país, la respuesta institucional del régimen de La Habana suele limitarse a advertencias y medidas de emergencia improvisadas, dejando a la población en estado de indefensión ante la destrucción de sus bienes y la falta de apoyo estatal efectivo para la reconstrucción.
El Insmet anunció que actualizará su pronóstico en agosto, cuando exista mayor claridad sobre la evolución de las condiciones climáticas. No obstante, más allá de los datos atmosféricos, el verdadero pronóstico para la ciudadanía en 2026 es el de enfrentar cualquier eventualidad climática con la incertidumbre de un Estado que no garantiza el bienestar básico, exponiendo a millones de personas a las consecuencias de un desastre natural agravado por la ineficiencia y la falta de gestión del ejecutivo cubano.