El Instituto de Meteorología de Cuba emitió un aviso de ciclón tropical alertando sobre la rápida intensificación del huracán Melissa, que alcanzó la categoría cuatro con vientos sostenidos de 220 kilómetros por hora. El sistema se aproxima a la región oriental de la isla, donde las autoridades han activado la fase de alerta ante el inminente riesgo de lluvias extremas e inundaciones.
Evolucionando de tormenta tropical a huracán de gran intensidad en menos de 24 horas, Melissa se ubica a unos 415 kilómetros al sur de la ciudad de Santiago de Cuba y a 180 kilómetros al sur-sudeste de Kingston, Jamaica. El régimen de La Habana, a través del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, estableció la fase de Alerta desde la tarde de este sábado para Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín, Las Tunas y Camagüey, mientras que Ciego de Ávila y Sancti Spíritus permanecen en Fase Informativa. El fenómeno se desplaza lentamente hacia el oeste a siete kilómetros por hora, con un pronóstico de giro gradual hacia el norte y nordeste que lo acercaría a la isla entre martes y miércoles.
Jamie Rhome, subdirector del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, advirtió que la lenta trayectoria del meteoro prolongará su impacto durante varios días. El experto enfatizó que el mayor peligro radica en las \»lluvias extremadamente pesadas e inundaciones catastróficas\» derivadas de su escasa velocidad de traslación, lo que representa una amenaza directa para la infraestructura y la vida de los cubanos en las zonas más vulnerables. Las bandas externas del huracán ya comienzan a incrementar las precipitaciones y las marejadas en los mares al sur de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.
Una vulnerabilidad agravada por la crisis estructural
El paso de Melissa pone a prueba la ya precaria capacidad de respuesta del gobierno cubano frente a desastres naturales. El oriente del país, principal zona de impacto prevista, sufre un acelerado proceso de despoblamiento debido al éxodo migratorio y enfrenta un colapso sistemático de los servicios públicos, viviendas en estado ruinoso y un desabastecimiento crónico. La ineficiencia burocrática y la falta de mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas y eléctricas por parte de la dictadura cubana auguran un escenario devastador, donde la población civil queda a merced no solo de la fuerza de la naturaleza, sino de la desidia estatal.
Las próximas horas serán determinantes para la región oriental, que enfrenta el reto de proteger sus vidas y escasos bienes en un entorno de profunda crisis económica. Ante la inminente llegada de vientos huracanados y precipitaciones torrenciales, la ciudadanía no puede esperar más que medidas administrativas tardías e insuficientes por parte del ejecutivo cubano, lo que amenaza con convertir un evento meteorológico inevitable en una tragedia humana agravada por la incompetencia gubernamental.