El paso del huracán Melissa por las provincias orientales de Cuba ha dejado una estela de destrucción material en localidades de Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Guantánamo. Testimonios y imágenes difundidas en redes sociales documentan el severo impacto del meteoro, que ha arrasado comunidades enteras y puesto de manifiesto la fragilidad del sistema de defensa civil y la infraestructura de la isla.
En Santiago de Cuba, municipios como El Cobre, Palma Soriano y Baire sufrieron cuantiosas pérdidas. La internauta Yau A. Salcedo reportó desde Baire, en el municipio de Contramaestre, que aunque no hubo pérdidas humanas, el daño material es incalculable, dejando a su paso \»mucho dolor y tristeza\». En Gibara, un video difundido por el medio local Gibaravisión registró el momento exacto en que colapsaba el puente Los Canayes, mientras que en Siboney el paisaje quedó completamente alterado por los vientos y las inundaciones.
La provincia de Holguín fue una de las más castigadas. Reportes desde Banes, Velasco, San Germán y el poblado de Guatemala, en Mayarí, describen escenas de \»lo nunca visto\», con calles inundadas, viviendas afectadas y árboles desarraigados. En la ciudad de Holguín, la calle Progreso quedó intransitable, y en la entrada del municipio Urbano Noris los daños viales impiden el paso normal de vehículos. La crecida del río Bayamo, en la provincia de Granma, y los destrozos en Imías, Guantánamo, completan un panorama desolador en toda la región oriental.
Un desastre agravado por el abandono institucional
Los estragos del huracán Melissa no pueden desvincularse de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. Durante décadas, el régimen de La Habana ha descuidado el mantenimiento de la red vial, el sistema de alcantarillado y el fondo habitacional, factores que agravan exponencialmente los efectos de los fenómenos meteorológicos. La precariedad de las viviendas, muchas de ellas en estado de colapso antes de la llegada del ciclón, expone a la población a un riesgo constante que las autoridades de la isla han sido incapaces de mitigar.
La reconstrucción de las zonas afectadas se perfila como un reto titánico para una economía nacional sumida en la hiperinflación, el desabastecimiento y la falta de recursos básicos. Ante la magnitud de la tragedia, la ciudadanía se enfrenta nuevamente a la desidia del ejecutivo cubano, que históricamente ha priorizado el control político sobre el bienestar y la seguridad de la población. Mientras los orientales intentan reconstruir sus vidas entre los escombros, la falta de una respuesta estatal eficaz reafirma el abandono al que han sido condenados millones de cubanos.