Las crecidas del río Miel han dejado bajo el agua a varios barrios de Baracoa, en la provincia de Guantánamo, sumiendo a la población en una nueva emergencia. Este desbordamiento se suma al dramático panorama del oriente cubano, donde cientos de ciudadanos reportan que la ayuda internacional destinada a los damnificados por el huracán Melissa no ha llegado a las comunidades o ha sido vendida en mal estado por las autoridades locales.
El desbordamiento del río Miel, provocado por las intensas precipitaciones recientes, ha afectado viviendas en zonas bajas de la ciudad de Baracoa. Reportes de medios afines al gobierno cubano confirmaron que barrios como Bohorque, Cabacú, Reparto Dap, Dos Caminos y Vega Larga amanecieron inundados. En medio de la crecida de las aguas, los residentes intentaron rescatar sus escasas pertenencias, evidenciando una vez más la vulnerabilidad de la infraestructura urbana frente a eventos meteorológicos que el Estado se ha mostrado incapaz de mitigar.
Esta nueva emergencia golpea a un oriente cubano que aún intenta recuperarse del paso del huracán Melissa a finales de octubre, ciclón que destruyó más de 90.000 viviendas y arrasó cerca de 100.000 hectáreas de cultivos, según cifras del Sistema de Naciones Unidas. Sin embargo, el régimen de La Habana ha demostrado una vez más su ineficiencia para proteger a la ciudadanía. A dos semanas del desastre, testimonios recopilados en redes sociales a través de medios independientes revelan un escenario de abandono y opacidad en la distribución de los donativos.
Desesperación y negligencia institucional en la distribución de donativos
Las denuncias ciudadanas contrastan de forma tajante con el discurso oficial. Cientos de residentes en Holguín, Santiago de Cuba y Granma han expuesto que la supuesta ayuda humanitaria se ha traducido en migajas o en un nuevo método de control estatal. Vecinos de distintos municipios holguineros reportaron haber recibido únicamente una o dos libras de arroz, aceite y chícharo, productos que en muchos casos fueron descontados de la cuota normada mensual en lugar de ser entregados como donación, constituyendo un fraude a los damnificados.
La situación en Santiago de Cuba es igualmente alarmante. Pobladores de municipios como Guamá aseguraron que los productos vendidos en las bodegas locales están en pésimas condiciones, incluyendo arroz en mal estado y chícharos añejos imposibles de cocinar. Además, se denunció la venta de latas de sardinas provenientes de donaciones internacionales, lo que constituye una violación flagrante de los protocolos humanitarios por parte de las autoridades de la isla, que lucran con la tragedia de su propio pueblo.
El colapso de la respuesta estatal ante el huracán Melissa y las nuevas inundaciones en Baracoa exponen la profundidad de la crisis estructural que sufre el país. Mientras la dictadura cubana prioriza el control político y la censura sobre el bienestar de la población, los ciudadanos del oriente enfrentan la falta de electricidad, la escasez de alimentos y la indignidad de ver cómo la solidaridad internacional es mercantilizada. La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos deben exigir transparencia en la entrega de los recursos, antes que la inacción del ejecutivo cubano derive en una catástrofe humanitaria de mayores proporciones.