Bárbaro Alfredo Valdés-Cataneo Esquivel, conocido artísticamente como Alfredo Cataneo, fue una de las figuras más sobresalientes de la música popular cubana del siglo XX. Integrante fundador del Trío Taicuba, Cataneo recorrió escenarios del mundo entero y obtuvo decenas de distinciones, pero murió en 2013 a los 96 años sin que las autoridades de la isla garantizaran una vejez digna ni un reconocimiento institucional acorde con su trayectoria. Ahora, su hija Gladys reconstruye en entrevista la historia personal y profesional de un artista que el gobierno cubano ha preferido relegar al silencio.
Cataneo nació el 4 de diciembre de 1916 en Jovellanos, Matanzas, en el barrio conocido como Bemba, un territorio de fuerte arraigo afrocubano. Hijo de una familia humilde de seis hermanos, desde niño trabajó como limpiabotas y repartidor de cantinas, un oficio del que fue despedido por comerse las papitas fritas de los pedidos. Tan delgado era en aquellos años que sus amigos lo apodaban \»Alfredito el Tísico\». Sin embargo, desde los 16 años demostró una vocación musical que lo sacaría de la pobreza: comenzó cantando tangos, género que hacía furor en la Cuba de la época, y formó un dúo en Matanzas con Evelio López Gavilán que se presentó en la emisora CMGH.
Su salto a La Habana llegó en 1936, cuando ingresó a CMQ Radio de la mano del cantante y locutor Manolo Serrano. Allí interpretó payadas argentinas junto a Tony Álvarez, compartiendo programa con Olga Chorens. Hacia 1939 integró el trío de tangos Los Armónicos en la RHC Cadena Azul de Santa Clara y cantó con la orquesta La Plata, dirigida por Lorenzo Pego. Su consagración llegó en 1941, cuando obtuvo el primer premio en un concurso para cantantes de tango y se convirtió en artista exclusivo de la firma cigarrera Regalías El Cuño. Para entonces, ya vestía siempre de blanco, sello de su elegancia escénica.
Del tango al son: la fundación del Trío Taicuba
El 15 de agosto de 1941, cuando la música argentina comenzaba a declinar en Cuba, Cataneo fundó el cuarteto Taicuba junto a López Gavilán, Baz Tabrane y Héctor Leyva. Tras la separación de Gavilán, el grupo quedó como trío y se dedicó a interpretar composiciones de autores reconocidos de la música tradicional cubana. Durante más de cuatro décadas, el Trío Taicuba mantuvo una trayectoria exitosa en radio y televisión, con presentaciones en espacios como Juntos a las 9:00, Recital y Álbum de Cuba, así como en el Concurso Adolfo Guzmán. Su alcance internacional fue notable: participaron en The Steve Allen Show de la CBS en Estados Unidos, Televisión Española, la RAI italiana y recorrieron países como Venezuela, México, Suecia, Finlandia, Italia, Inglaterra, Alemania y Mónaco. También incursionaron en el cine cubano con películas como Romance del palmar y Una gallega en La Habana, junto a Niní Marshall.
A pesar de acumular más de 32 distinciones —entre ellas la Medalla por la Gloria de la Cultura Cubana, la Raúl Gómez García, La Gitana Tropical y El Micrófono de la Radio—, la realidad de Cataneo en sus últimos años refleja el abandono sistémico que la dictadura cubana ha impuesto sobre sus propios artistas. Cuando su salud ya no le permitió continuar presentándose en el Bar Restaurante \»El Floridita\», Cataneo decidió retirarse, pero nunca se jubiló formalmente. El trío se desintegró en 2005 y, durante sus últimos ocho años de vida, el músico sobrevivió sin una pensión digna ni el respaldo institucional que su trayectoria merecía. Es el mismo patrón que el régimen de La Habana ha repetido con incontables figuras culturales: explotar su talento mientras generan réditos políticos o turísticos y olvidarlos cuando dejan de ser útiles.
Para su hija Gladys, sin embargo, la memoria de Cataneo trasciende las condecoraciones y los escenarios. Lo recuerda como un padre excepcional, un ser humano íntegro y un amigo leal. Su testimonio rescata la dimensión humana de un artista que, nacido en la pobreza extrema de un barrio matancero, conquistó los escenarios más exigentes del mundo con su voz y su guitarra. Que un legado de esa magnitud permanezca casi invisibilizado en la narrativa cultural oficial de la isla dice más sobre las prioridades del ejecutivo cubano que sobre el talento de quienes construyeron, desde la música, una identidad nacional que el poder ha monopolizado a conveniencia.