Una nueva falla técnica en la central Energás Jaruco, en Mayabeque, ha dejado sin servicio a amplias zonas de La Habana y varias provincias, elevando el déficit energético del país a niveles críticos. La salida imprevista de tres unidades de generación obligó a desconectar 163 megavatios de forma inmediata, agravando una crisis estructural que mantiene a la población sumida en cortes de luz superiores a las 20 horas diarias.
Según un comunicado de la Empresa Eléctrica de La Habana, la desconexión de las unidades 3, 4 y 6 de Energás Jaruco se produjo tras el disparo de la bomba de agua de alimentación, lo que activó una \»vía libre de emergencia\». Este incidente se suma a una serie de averías recurrentes en la infraestructura energética nacional; apenas una semana antes, la Unidad 6 de esta misma planta había salido de servicio debido a la presencia de sargazo en el canal de entrada. La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reconoció que la máxima afectación registrada durante la jornada anterior alcanzó los 1.914 MW, superando ampliamente las proyecciones iniciales del organismo.
En las primeras horas de la mañana, el Sistema Eléctrico Nacional operaba con una disponibilidad de apenas 1.774 MW frente a una demanda estimada de 2.864 MW, generando un déficit inmediato de 1.085 MW. Las autoridades de la isla pronostican que durante el horario pico la brecha energética podría escalar hasta 1.566 MW, lo que se traduce en apagones prolongados para la mayoría de la población. A la falla en Jaruco se suman averías en plantas termoeléctricas clave, como la Unidad 2 de Felton, la Unidad 8 de Mariel, la Unidad 5 de Diez de Octubre y la Unidad 3 de Renté, además de mantenimientos programados y limitaciones térmicas en otras instalaciones.
Escasez de combustible y desgaste infraestructural
El colapso no se limita a las averías técnicas. El régimen de La Habana enfrenta una grave escasez de combustibles y lubricantes que ha paralizado a 50 centrales de generación distribuida, restando otros 341 MW a la red, mientras 156 MW adicionales permanecen inactivos por falta de insumos. Pese a los constantes anuncios oficiales sobre el desarrollo de energías renovables, el aporte de los 32 parques solares del país —con un pico de 549 MW— resulta insuficiente para cubrir el déficit estructural, especialmente durante la noche cuando la demanda se dispara y la generación fotovoltaica es nula.
La ineficiencia en la gestión energética es un reflejo directo de la incapacidad del gobierno cubano para mantener y modernizar la infraestructura básica del país. Los apagones de más de 20 horas se han normalizado en numerosas comunidades, exacerbando un clima de fuerte malestar social en medio de una crisis económica aguda, inflación galopante y deterioro generalizado de los servicios públicos. Esta situación no solo compromete la calidad de vida de los ciudadanos, sino que amenaza con desatar nuevas olas de protestas, ante la inacción de una dictadura que prioriza el control político sobre el bienestar de la población.