La ciudad canadiense de Montreal acogerá una exposición inédita que reúne la obra de siete artistas cubanos perseguidos o forzados al exilio por su postura crítica frente al poder. Bajo el título «Noche eterna, desobediencia estética», la muestra expone las narrativas silenciadas dentro de la isla y evidencia el aparato represivo del Estado contra la libertad de creación.
Del 26 de junio al 2 de agosto de 2025, el Centro Clark de Arte y Difusión de Montreal será el escenario de «Nuit éternelle, désobéissance esthétique» (Noche eterna, desobediencia estética). Organizada en colaboración con el espacio independiente Proyecto Casa, esta iniciativa constituye la primera vez que la provincia de Quebec recibe una muestra colectiva centrada exclusivamente en las narrativas estéticas disidentes del arte contemporáneo cubano. El proyecto, comisariado por el artista e investigador Amed Aroche, propone una radiografía de cómo la creación artística se ha convertido en uno de los últimos reductos de resistencia civil frente al autoritarismo.
La exposición reúne a Lester Álvarez, Kevin Ávila, Raychel Carrión, Liliam Dooley, Leandro Feal, Ernesto Oroza y Luis Manuel Otero Alcántara. Este último nombre resuena con especial fuerza en el panorama internacional: Otero Alcántara es un preso político de la dictadura cubana, reconocido como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2021 por la revista TIME. Su participación en la muestra se materializa a través de una videoinstalación basada en su performance de 2021, «Los niños nacen para ser felices, no para morir bajo los escombros», realizada pocos días antes de su arbitraria detención. La pieza es una denuncia directa de la negligencia estatal tras el derrumbe de edificios en La Habana y simboliza la resistencia artística frente a la maquinaria represiva institucional.
La literatura, el cuerpo y la propaganda bajo la lupa crítica
La censura no solo se ejerce contra la plástica, sino que permea todas las manifestaciones culturales. La instalación «Library for Spine Readers» (2024), creada conjuntamente por Lester Álvarez y Kevin Ávila, combina la escultura contemporánea con el arte relacional para establecer un diálogo crítico sobre la censura en la literatura cubana. La obra invita al espectador a reflexionar sobre los vacíos y silencios impuestos por el régimen de La Habana en el acervo literario nacional, donde numerosos autores permanecen proscritos por no alinearse con la ideología oficial.

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El cuerpo como territorio de disputa política es otro de los ejes fundamentales de la muestra. La artista Raychel Carrión presenta «FLAWED IMAGE» (2008), una videoperformance grabada durante el desfile del 1 de mayo en la Plaza de la Revolución. A través de este registro, Carrión disecciona la teatralidad política del gobierno cubano y cuestiona el lugar asignado al cuerpo negro dentro del imaginario y la propaganda del Estado. Por su parte, la diseñadora Liliam Dooley deconstruye los límites difusos entre el arte y la propaganda con su obra «Libertad para Cuba!, Solidaridad!» (2025), una relectura crítica de un cartel emblemático de 1969 diseñado por Félix Beltrán, cuya pieza original ha sido cedida en préstamo por el Museo de Bellas Artes de Montreal.
Vigilancia, archivo y el peso del Decreto 349
La cotidianidad en la isla también encuentra su espacio en la propuesta curatorial. El fotógrafo Leandro Feal documenta la vida nocturna habanera en «La fiesta vigilada» (2015–2024), un recorrido audiovisual de 36 minutos por los espacios de ocio de la capital cubana. La obra ilustra cómo el desencanto del periodo postsocialista y la constante vigilancia policial transforman el esparcimiento en un acto de tensión. En otra arista temporal, Ernesto Oroza, artista y docente, exhibe una pieza de archivo —comisionada especialmente para esta exposición— que establece un paralelismo histórico entre el pabellón cubano en la Expo 67 de Montreal y las experiencias carcelarias de creadores contemporáneos en la isla, subrayando los nexos históricos entre ambas geografías.
Como complemento a la exposición, en el Poste audio del centro se proyectará la serie documental «SIN 349», concebida por Abel González Fernández y Lester Álvarez, bajo la dirección de Kevin Ávila. Esta serie es una respuesta directa al Decreto 349, una normativa implementada por las autoridades de la isla que ha sido ampliamente denunciada a nivel internacional por su impacto restrictivo sobre la libertad artística. El decreto subordina la creación cultural a la aprobación del Ministerio de Cultura y las instancias de seguridad del Estado, criminalizando de facto cualquier expresión disonante.
Durante la inauguración oficial, prevista para las 18:00 horas, se presentará el libro «Climbing Aboard. Havana Apartment-Galleries and International Art Circuits», de la historiadora del arte Analays Álvarez Hernández, publicado por ICI Berlin Press. La autora, profesora en la Université de Montréal, abordará la circulación transnacional del arte cubano, la curaduría independiente y el surgimiento de galerías en apartamentos habaneros como alternativa a la censura estatal.
Contexto: El arte como campo de batalla frente al colapso estructural
La exposición en Montreal no puede entenderse sin vincularla al profundo declive estructural que atraviesa Cuba. La isla se encuentra sumida en una crisis económica sin precedentes, caracterizada por una inflación galopante, el colapso del sistema eléctrico, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y un éxodo migratorio que ha vaciado al país de su fuerza laboral y creativa. En este escenario de fracaso sistémico, el ejecutivo cubano ha endurecido su discurso y sus tácticas, utilizando la represión selectiva y la censura como válvulas de contención para evitar el estallido social.
El arte independiente ha sido uno de los principales blancos de esta ofensiva. Los antecedentes de esta confrontación se remontan a la promulgación del Decreto 349 en 2018, que desató una ola de protestas lideradas por el Movimiento de San Isidro. La criminalización de estos artistas escaló con la sentada del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura, y alcanzó su punto crítico con las detenciones masivas tras las protestas del 11 de julio de 2021. Desde entonces, la dictadura cubana ha optado por el encarcelamiento, el exilio forzado y el acoso judicial constante para silenciar a las voces que documentan la realidad nacional.
Para el régimen de La Habana, cualquier manifestación cultural que escape de su control representa una amenaza directa a su monopolio ideológico. La creación de redes alternativas de circulación del arte, como las que documenta el libro de Álvarez Hernández, evidencia la asfixia institucional que sufren los creadores dentro de la isla, obligándolos a buscar refugio y plataformas en el extranjero para evitar la incautación de sus obras o su propia incarceración.
Implicaciones y el rol de la comunidad internacional
Con esta exposición, el Centre Clark y Proyecto Casa no solo visibilizan la obra de artistas cubanos silenciados, sino que abren un espacio crucial para el debate crítico sobre los límites de la libertad y el poder. La diáspora artística cubana se posiciona así como un archivo vivo de la represión, llevando a los escenarios internacionales los testimonios que el Estado intenta borrar dentro de sus fronteras.
El impacto de muestras como «Noche eterna, desobediencia estética» radica en su capacidad para movilizar a la comunidad internacional y mantener en la agenda pública la situación de los derechos humanos en Cuba. Mientras el gobierno cubano intenta proyectar una imagen de normalidad cultural hacia el exterior, iniciativas como esta desmontan esa narrativa, revelando el costo humano y creativo de vivir bajo un sistema que persigue la disidencia. El futuro de la cultura cubana dependerá en gran medida de la capacidad de estos espacios transnacionales para seguir denunciando la censura y exigir la liberación de los presos políticos, entre los que aún figuran creadores como Luis Manuel Otero Alcántara.



