Martes, 21 de julio de 2026
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Colapso energético en Cuba: Salen de servicio las termoeléctricas Felton y Antonio Guiteras

Las dos principales plantas termoeléctricas de la isla cesaron su operación este martes, sumiendo al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en una nueva crisis que amenaza con un apagón total. El déficit energético supera los 2.000 megavatios (MW), lo que agrava la crisis de servicios para la población en medio de cortes de luz que superan las 24 horas en varias provincias.

La Unión Eléctrica (UNE), entidad estatal encargada del sector, confirmó la desconexión de la unidad 1 de la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, ubicada en Felton, Holguín. Esta baja representa una pérdida de aproximadamente 200 MW de capacidad de generación. Aunque la planta había sido reconectada brevemente horas antes, volvió a salir de servicio por causas que las autoridades de la isla no han detallado con claridad.

El panorama se agravó con el anuncio de la parada de la termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas. La instalación, que aportaba 146 MW de los 220 MW que generaba, fue desconectada debido a un salidero en la caldera, un problema crónico que evidencia el deterioro estructural de la infraestructura. Esta es la parada número 19 de la Guiteras en lo que va de año, un indicador del abandono y la falta de mantenimiento preventivo en instalaciones clave.

Déficit de generación y respuesta social

Con la salida de Felton y la Guiteras, el régimen de La Habana enfrenta un déficit pronosticado de 2.150 MW. La generación al amanecer apenas alcanzaba los 1.156 MW, frente a una demanda que podría escalar hasta los 3.200 MW en horas pico. A estas bajas se suman las averías en las unidades 5 y 6 de Mariel, la 2 de Santa Cruz del Norte, la 2 de Felton y la 3 de Renté, así como mantenimientos prolongados en otras plantas de Nuevitas y Renté.

Esta situación replica el escenario que provocó tres colapsos totales del SEN en la semana anterior. Los apagones continuos, que en muchos territorios se extienden por más de un día entero, han desencadenado cacerolazos, protestas y bloqueos de calles por parte de los ciudadanos. Ante la incapacidad del gobierno cubano para garantizar un servicio básico, el descontento social crece, mientras la dictadura mantiene su política de represión y criminalización frente a las manifestaciones espontáneas de la población.

El colapso de la infraestructura energética no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de décadas de mala gestión, falta de inversión y corrupción sistémica. Mientras las autoridades de la isla intentan minimizar la gravedad de la crisis, los cubanos se preparan para nuevas jornadas sin electricidad, lo que amenaza con profundizar la crisis económica, acelerar el éxodo migratorio y aumentar la presión sobre un sistema que demuestra cada vez menos capacidad para sostener la gobernabilidad del país.

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