La incorporación de la central termoeléctrica Antonio Guiteras al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) no ha logrado mitigar la profunda crisis energética que asola a Cuba. Con un déficit proyectado de 1.515 megavatios (MW) para la hora pico, las autoridades de la isla pronostican que casi la mitad del país permanecerá sin servicio eléctrico este domingo. El colapso del sistema, marcado por averías constantes, mantenimientos prolongados y una escasez crónica de combustible, evidencia la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar un servicio básico esencial para la vida de la nación.
Según el informe emitido por la estatal Unión Eléctrica (UNE), la sincronización de la termoeléctrica Antonio Guiteras logró sumar cierta capacidad al sistema, pero el alivio resultó completamente insuficiente. El panorama se ve agravado por la salida de seis unidades generadoras que permanecen fuera de servicio, un golpe severo a la ya mermada capacidad de generación del país. La desconexión de estas infraestructuras obliga al gobierno cubano a depender de fuentes inestables y a racionar el poco flujo energético disponible, sometiendo a la población a cortes impredecibles.
El reporte técnico detalla que actualmente se encuentran en avería la unidad 5 de la central termoeléctrica (CTE) Nuevitas y la unidad 2 de la CTE Felton. A estas fallas se suman los paros programados por mantenimiento en las unidades 2 y 3 de la CTE Santa Cruz, la unidad 4 de la CTE Cienfuegos y la unidad 5 de la CTE Renté. Esta acumulación de plantas inoperativas refleja el estado de obsolescencia y deterioro avanzado en el que se encuentra el parque generador de la isla, resultado de décadas de falta de inversión, mala planificación y negligencia administrativa.
En un intento por compensar la caída de la generación térmica, el régimen de La Habana ha incrementado su dependencia en los parques fotovoltaicos instalados en distintas provincias. Para el horario diurno, estas instalaciones aportarían aproximadamente 1.495 MW, una cifra significativa pero insuficiente para cubrir la brecha total. Sin embargo, la naturaleza intermitente de la energía solar la convierte en una solución parcial que no logra sostener el sistema durante la noche. Al caer el sol, el déficit se hace más crítico y los apagones se prolongan por horas, alterando el ritmo de vida, impidiendo el descanso y forzando a las familias a recurrir a alternativas peligrosas como el uso de velas o carbón.
Las limitaciones en la generación térmica ascienden a 353 MW, una cifra que por sí sola representaría una crisis para cualquier país, pero que en Cuba se suma a otros factores restrictivos severos. La falta de combustible paraliza 62 centrales de generación distribuida, lo que supone un déficit adicional de 441 MW. Asimismo, 86 MW se encuentran afectados por la escasez de aceite en motores de generación distribuida, y otros 60 MW en la patana de Melones, elevando el total de afectación por estos conceptos a 487 MW.
La aritmética de la crisis es desalentadora. La UNE estima una disponibilidad máxima de 1.935 MW para la hora pico, frente a una demanda proyectada de 3.450 MW. Este desequilibrio estructural se traduce en un déficit de 1.515 MW y una afectación pronosticada de 1.585 MW en el horario de mayor consumo. De mantenerse estas condiciones, el régimen se verá obligado a continuar con los cortes programados y de emergencia, dejando a millones de hogares en la oscuridad y a merced de las inclemencias del clima tropical.
Contexto Sistémico: El colapso de los servicios básicos y la represión social
El sistema eléctrico de Cuba atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Durante el mes de febrero, el país registró el mayor índice de déficit eléctrico en al menos dos años, llegando al punto de tener al 57 % del territorio nacional simultáneamente sin electricidad. Las consecuencias de estos apagones trascienden el mero malestar cotidiano; afectan de manera directa el suministro de agua potable mediante la paralización de bombas hidráulicas, impiden el almacenamiento de alimentos perecederos y comprometen gravemente el funcionamiento de servicios esenciales como hospitales, donde los pacientes dependen de equipos de soporte vital.
Esta crisis energética es un síntoma más del colapso estructural que padece la isla. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y la devaluación acelerada de la moneda nacional configuran un escenario de pobreza generalizada y desesperanza. Ante la creciente indignación ciudadana y el riesgo de estallidos sociales, la dictadura cubana ha optado por intensificar la represión política, la censura y la persecución. Las fuerzas del orden y grupos de respuesta rápida afines al poder actúan con impunidad para amedrentar a cualquier voz disidente que exija soluciones en las calles, demostrando una vez más que la prioridad del Estado es el control político absoluto por encima del bienestar y la vida de la población.
Antecedentes de una infraestructura obsoleta y sin financiamiento
El gobierno cubano ha intentado justificar reiteradamente esta situación atribuyendo la culpa a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, argumentando que estas dificultan la adquisición de combustible y piezas de repuesto para plantas como la Guiteras. Sin embargo, expertos independientes y técnicos del sector señalan de manera unánime que la raíz del problema reside en una crónica falta de financiamiento interno, la ineficiencia estructural del sistema y la corrupción institucionalizada que desvía los escasos recursos destinados al mantenimiento de la infraestructura.
La modernización del entramado eléctrico nacional requeriría una inversión monumental, estimada por especialistas en un rango de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares. Una cifra que el ejecutivo cubano es incapaz de asumir en el contexto actual de bancarrota estatal, caída de la producción nacional y falta de acceso a créditos internacionales. Mientras tanto, la estrategia oficial se limita a parches temporales y a la búsqueda de aliados geopolíticos que aporten combustible a crédito, sin abordar la obsolescencia de las termoeléctricas, muchas de las cuales operan muy por encima de su vida útil diseñada, funcionando al límite y propensas a averías constantes.
Perspectivas futuras y el impacto en la ciudadanía
La población continúa padeciendo las consecuencias de una situación energética que no muestra señales de mejora en el corto ni mediano plazo. La incertidumbre diaria mina la productividad del país, destruye el tejido económico privado y empuja a miles de cubanos a tomar la decisión de emigrar, sumándose al masivo éxodo que ha despoblado barrios enteros y separado a familias completas. Mientras la comunidad internacional observa con preocupación la deriva del país, la falta de voluntad política para emprender reformas democráticas y económicas reales condena a la ciudadanía a sobrevivir en la oscuridad, evidenciando el fracaso absoluto del modelo impuesto por el poder en Cuba.

