El régimen de La Habana ha adelantado de facto la desaparición de la Moneda Libremente Convertible (MLC) con el cierre repentino de las últimas tiendas estatales que operaban con esta divisa, dejando a miles de cubanos sin opciones para adquirir productos básicos y con saldos atrapados en un limbo financiero.
Como parte del proceso de dolarización de la economía, el gobierno cubano había mantenido al menos un par de establecimientos por municipio dedicados exclusivamente al MLC. Sin embargo, estos comercios han comenzado a cerrar sus puertas de manera abrupta sin que las autoridades de la isla ofrezcan explicación alguna. En lugares como el municipio del Cerro, Boyeros o Centro Habana, los locales fueron vaciando sus anaqueles sin recibir reabastecimiento, mientras los empleados permanecían inactivos ante la incertidumbre de los consumidores.
Esta medida arbitraria de la dictadura cubana afecta directamente a quienes aún conservan saldos en sus tarjetas magnéticas. En el mercado informal, el MLC se devalúa hasta cotizar a 200 pesos cubanos por unidad, pero la dificultad para encontrar compradores es cada vez mayor. El temor generalizado es que el ejecutivo cubano replique la estrategia utilizada en el pasado con el CUC: imponer un plazo perentorio para canjear el MLC en los bancos a un tipo de cambio oficial de 120 pesos, lo que representaría una pérdida significativa para ciudadanos que originalmente depositaron dólares o euros en sus cuentas.
Impacto en el acceso a bienes de consumo
El desplome del MLC no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia directa de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. Con la desaparición de estos comercios, los ciudadanos que no tienen acceso al dólar en efectivo ven mermadas drásticamente sus posibilidades de adquirir ropa, calzado y artículos de primera necesidad. La única alternativa que les queda son las llamadas \»ventas de garaje\», donde se comercializan artículos de segunda mano, una solución insuficiente frente a la inflación galopante y el desabastecimiento crónico que sufre el país.
La prometida \»desdolarización\» anunciada por el primer ministro Manuel Marrero Cruz sigue sin materializarse, mientras la oferta de bienes de consumo se reduce a su mínima expresión para los sectores más vulnerables. Lo que alguna vez fue presentado por la oficialidad como un sistema para satisfacer las necesidades crecientes de la población, se ha convertido en un mecanismo de exclusión y confiscación encubierta. Mientras el régimen mantiene su silencio sobre el destino final del MLC, la ciudadanía enfrenta una mayor precariedad económica, evidenciando una vez más la incapacidad del modelo estatal para garantizar el bienestar básico de los cubanos.