SANTA CLARA, Cuba. — La crisis energética y la parálisis del transporte de carga en Cuba están empujando a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) al borde del cierre definitivo. Comerciantes de varias provincias reportan que el encarecimiento extremo de los fletes y la imposibilidad de mover contenedores desde el Mariel han dejado sus anaqueles vacíos, lo que amenaza con profundizar el desabastecimiento alimentario que sufre la población.
La escalada de precios en el mercado informal, donde un litro de gasolina ha superado los seis dólares, ha desencadenado una ola de compras de pánico entre la ciudadanía. Dagmara, propietaria de un punto de venta en las inmediaciones del estadio Sandino de Santa Clara, logró colocar un último lote de productos básicos —arroz, frijoles, azúcar y aceite— en menos de 48 horas. La posterior cancelación de sus pedidos por parte de los proveedores, debido al colapso logístico, confirma el temor de los consumidores hacia un desabastecimiento total y un incremento desproporcionado de los precios en el corto plazo.
Gran parte del abastecimiento minorista depende de gestores que extraen insumos de la Terminal de Contenedores del Mariel. Mientras el régimen de La Habana asegura a través de sus medios oficiales que las operaciones en el puerto mantienen una \»absoluta normalidad\», la realidad en las provincias centrales y orientales es diametralmente opuesta. El traslado de un contenedor hasta Villa Clara supera el millón de pesos, un costo prohibitivo que los comerciantes no pueden asumir. Además, las demoras en la extracción generan penalizaciones y pagos excesivos por estadía, ahogando económicamente a los emprendedores que intentan mantener sus negocios a flote.
Impacto sistémico y control punitivo
La paralización de las rutas de carga obliga a los pequeños comerciantes a buscar alternativas ineficientes, como el uso de triciclos eléctricos que apenas transportan un 5% de la mercancía habitual. Adrián Aguilar, dependiente de un establecimiento en la carretera a Sagua, confirma que su negocio está liquidando el inventario restante ante la imposibilidad de generar ganancias tras pagar el combustible a precios de la calle. Este escenario se enmarca en la profunda crisis estructural de la isla, caracterizada por una inflación galopante, la ineficacia del aparato estatal para garantizar la distribución básica y un éxodo migratorio que ha mermado severamente la fuerza laboral.
Para agravar la crisis económica, las autoridades de la isla han intensificado la fiscalización contra el sector privado. En la última semana, inspectores en Villa Clara han impuesto multas, decomisos y ventas forzosas a trabajadores por cuenta propia bajo el amparo de la Resolución 225 del Ministerio de Finanzas y Precios, sancionando a quienes comercializan productos por encima de los topes oficiales. Ante el riesgo de perder su capital, muchos vendedores optan por ocultar la mercancía, lo que reduce aún más la oferta disponible. Esta combinación de ineficiencia estatal y el control punitivo ejercido por la dictadura cubana augura un colapso inminente de las mipymes, dejando a la población sin alternativas para acceder a los alimentos y profundizando la emergencia humanitaria en el país.