El Ministerio de la Construcción de Cuba anunció un plan para convertir más de 3.500 contenedores marítimos en viviendas de 29 metros cuadrados, una medida que evidencia la incapacidad del Estado para resolver el déficit habitacional que supera las 800.000 viviendas. Los beneficiarios deberán pagar al banco el costo de la obra en medio de una aguda crisis económica.
El fondo habitacional de la isla atraviesa uno de sus peores momentos históricos. Según datos oficiales correspondientes a 2025, el déficit de viviendas se situó en la conservadora cifra de 805.583 inmuebles. Durante ese periodo, las autoridades de la isla apenas lograron edificar 2.728 nuevas unidades, lo que representa un crecimiento anual del 0,1 %, una cifra insuficiente para una población que ronda los once millones de habitantes. Además, el 35 % del parque inmobiliario existente se encuentra en estado regular o malo, con un incremento de más de 6.000 inmuebles deteriorados respecto al año anterior.
La inversión nacional en viviendas durante 2024 alcanzó los 54.553 millones de pesos, un 14 % más que el año precedente, pero paradójicamente esto no se tradujo en resultados materiales. Los predios ejecutados no superaron los 7.427, un desplome del 53 % en comparación con 2023. El gobierno cubano ha trasladado la responsabilidad a la ciudadanía: el 62 % de estas construcciones fueron levantadas por esfuerzo propio. Esta tarea resulta sobrehumana debido a la escasez crónica de cemento, acero y áridos, materiales que el ejecutivo cubano destina a la exportación mientras prioriza la construcción de hoteles de lujo en detrimento de hospitales y viviendas sociales.
Contenedores como alternativa habitacional
Frente a este escenario, el Programa de la Vivienda del Ministerio de la Construcción (MICONS) ha presentado una nueva estrategia: la reconversión de más de 3.500 contenedores marítimos que llegaron al país cargados de mercancías, como paneles solares, y que ya concluyeron su vida útil. La Empresa de Arquitectura e Ingeniería del Mariel se encargará de la fase inicial, que incluye la instalación de marcos para puertas y ventanas, así como la distribución interna para sala, cocina-comedor, baño y dos habitaciones en un espacio de apenas 29 metros cuadrados. Las autoridades locales completarán el proceso con las instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias.
La iniciativa refleja la profunda crisis estructural que sufre la nación, exacerbada por la inflación, el desabastecimiento y la falta de oportunidades. Aunque la adaptación de estos contenedores será financiada inicialmente por el presupuesto estatal, no se trata de una concesión gratuita. Cada beneficiario deberá reembolsar al banco una suma determinada según el nivel de terminación y los materiales empleados, imponiendo una nueva carga financiera a ciudadanos que ya enfrentan las consecuencias de las políticas económicas de la dictadura cubana. Provincias como Matanzas, Villa Clara y Sancti Spíritus serán las primeras en recibir esta \»solución\» habitacional.
La reutilización de contenedores marítimos como viviendas subraya la desconexión entre las prioridades del régimen de La Habana y las necesidades básicas de la población. Mientras el Estado destina cuantiosos recursos a infraestructuras turísticas, los cubanos son obligados a endeudarse para habitar en estructuras de metal improvisadas. Esta medida, lejos de representar un avance en materia de derechos sociales, evidencia el fracaso del modelo económico imperante y plantea serias dudas sobre la habitabilidad y dignidad de las condiciones de vida que se le ofrece a una ciudadanía sumida en la precariedad.