El régimen de La Habana reportó un salario medio mensual de 6.930 pesos para el año 2025, una cifra que, lejos de reflejar una mejoría económica, evidencia el dramático deterioro del poder adquisitivo de los cubanos frente a una inflación galopante y el desabastecimiento crónico. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), este ingreso promedio apenas permite adquirir unos 69 huevos en el mercado actual.
El informe oficial \»Salario medio en cifras. Cuba 2025\» detalla un incremento interanual del 18,7 % respecto a los 5.839 pesos reportados en 2024. Sin embargo, este aumento nominal se diluye rápidamente al confrontarlo con los precios reales del mercado. El propio boletín de la ONEI reconoce una variación acumulada e interanual de la inflación del 14,07 %, un porcentaje que las autoridades de la isla manejan de forma optimista, pero que oculta la verdadera escalada de precios en los mercados agropecuarios y la economía informal.
El desglose estadístico expone además las profundas desigualdades territoriales y sectoriales que persisten bajo el modelo económico del gobierno cubano. Mientras La Habana concentra el salario promedio más alto (7.911 pesos), provincias como Guantánamo (5.783 pesos) y Santiago de Cuba (5.872 pesos) se mantienen en el extremo inferior de la tabla. En cuanto a los sectores, la construcción lidera con 15.320 pesos, seguida por el suministro de electricidad y agua. En contraste, áreas vitales como la educación (5.600 pesos) y la salud pública (6.635 pesos) figuran entre las peor remuneradas, reflejando el escaso valor que el ejecutivo cubano otorga a los profesionales que sostienen los servicios sociales básicos.
La desconexión entre las estadísticas oficiales y la mesa del cubano
La metodología empleada por la ONEI se limita al sector estatal civil, ignorando los ingresos reales de los hogares, que dependen en gran medida de las remesas y la economía sumergida para sobrevivir. La radiografía oficial choca frontalmente con la realidad de los mercados. A precios máximos reportados en La Habana, donde un huevo fresco puede costar hasta 100 pesos y la libra de lomo de cerdo con hueso alcanza los 980 pesos, un trabajador con el salario medio nacional solo podría comprar poco más de siete libras de carne de cerdo al mes. Esta brecha demuestra que el supuesto crecimiento salarial no es más que un maquillaje frente al colapso estructural de la economía.
Esta situación se enmarca en una crisis sistémica prolongada, caracterizada por la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar la seguridad alimentaria, la hiperinflación de facto y un éxodo migratorio sin precedentes. El fracaso de las políticas económicas impuestas mantiene a la población en la indigencia material. Mientras el gobierno cubano se limita a publicar cifras que intentan maquillar el desastre, la ciudadanía enfrenta el día a día con ingresos que no cubren ni las necesidades mínimas de subsistencia, augurando un escenario de mayor empobrecimiento y tensión social en el corto plazo.