Miércoles, 22 de julio de 2026
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La Habana 1966: Cómo el régimen cubano instrumentalizó la Conferencia Tricontinental para exportar la insurgencia armada

En enero de 1966, el régimen de La Habana congregó en Cuba a cientos de delegados de Asia, África y América Latina con el objetivo de militarizar la lucha antiimperialista y consolidar a la isla como epicentro de la subversión global, una estrategia que derivó en el entrenamiento de grupos armados de diversas partes del mundo.

Tras consolidar cambios drásticos en la sociedad y economía nacional, y profundizar su antagonismo geopolítico con Estados Unidos, el gobierno cubano convocó la Primera Conferencia Tricontinental. Inspirada en los principios del Movimiento de Países No Alineados y la Organización de Solidaridad de los Pueblos Afroasiáticos, la cumbre se celebró entre el 3 y el 16 de enero de 1966. El evento reunió a aproximadamente 500 delegados de 82 naciones, incluyendo observadores de la Unión Soviética y Estados Unidos, marcando el primer intento explícito de las autoridades de la isla por transformar la retórica anticolonialista del Tercer Mundo en una estrategia militarizada.

La conferencia contó con la presencia de figuras de relevancia internacional como el entonces senador chileno Salvador Allende, Amílcar Cabral de Guinea-Bisau, y Nguyen Van Tien del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur. Aunque Ernesto \»Che\» Guevara no asistió físicamente por encontrarse en Tanzania preparando su incursión en Bolivia, su figura y su proclama de crear \»dos, tres, muchos Vietnam\» dominaron el imaginario del encuentro. Como resultado de la cumbre se fundó la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), con sede en La Habana y dirigida por Osmany Cienfuegos, estrecho colaborador del liderazgo cubano.

Para la dictadura cubana, este evento representó un esfuerzo por arrebatar la dirección del Movimiento de Países No Alineados a líderes históricos como Gamal Abdel Nasser, Josip Broz Tito o Jawaharlal Nehru. Si bien esta maniobra no logró un éxito total en el ámbito diplomático, sí catapultó al máximo líder de la isla como cabecilla de la lucha armada contra el denominado imperialismo. En su discurso de clausura, el gobernante aseguró que los vínculos creados jugarían un \»papel incuestionable en la lucha revolucionaria\», consolidando una narrativa que justificaba la violencia como vía política.

De la retórica antiimperialista al patrocinio de la insurgencia

El éxito propagandístico de la Tricontinental allanó el camino para una de las etapas más controvertidas de la política exterior del ejecutivo cubano. La Habana se convirtió en un punto de encuentro y adiestramiento para organizaciones armadas de todo el planeta. Bajo el amparo del régimen, se establecieron campamentos donde recibieron preparación militar grupos como ETA en España, el IRA en Irlanda, los Montoneros argentinos, los Tupamaros uruguayos, el M-19 colombiano, los Sandinistas nicaragüenses y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), entre otros.

Esta instrumentalización de la diplomacia para fines bélicos sentó un precedente sobre cómo el Estado cubano priorizaba la exportación de su modelo revolucionario por encima de la estabilidad regional. Décadas después, las consecuencias de aquel patrocinio a la insurgencia se reflejan no solo en los históricos conflictos armados de América Latina y otras regiones, sino también en el aislamiento diplomático intermitente que ha enfrentado la isla, evidenciando cómo la promoción institucional de la violencia terminó condicionando la inserción de Cuba en el sistema internacional y su propio desarrollo interno.

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Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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