El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy, reconoció una \»total ausencia de combustible\» y el severo deterioro de la infraestructura eléctrica tras el tercer apagón total en menos de ocho días, empujando a la población a una crisis energética sin precedentes.
El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió un nuevo colapso total este martes, dejando a la isla sin servicio durante casi 20 horas. De la O Levy descartó que los apagones —el quinto registrado en lo que va de año— se deban a errores operativos o a la masiva migración de técnicos del sector. En su lugar, el funcionario aseguró que los trabajadores mantienen la \»capacidad técnica\», aunque admitió la falta de repuestos para las unidades termoeléctricas y de Energas. El déficit de generación, lejos de resolverse, continúa sometiendo a la red a una presión insostenible.
El ejecutivo cubano volvió a atribuir la responsabilidad de la crisis al embargo estadounidense y a las medidas adoptadas por Washington, específicamente la Orden Ejecutiva 14380, que impone aranceles a países que suministran petróleo a la isla. Sin embargo, las declaraciones del ministro expusieron el profundo abandono de la infraestructura nacional. De la O Levy confirmó una debilidad estructural en la caldera de la Central Termoeléctrica (CTE) Antonio Guiteras, en Matanzas, que sufrió un salidero cuyo alcance aún se evalúa tras el enfriamiento de la planta, lo que mantendrá fuera de servicio a una de las unidades de mayor capacidad del país.
Crisis en la red de distribución y colapso de servicios
La situación en la capital refleja el nivel de desidia institucional. Un análisis sobre 1.500 transformadores en La Habana reveló que al menos la mitad operan sobrecargados por encima del 7%. Las autoridades de la isla anunciaron la incorporación de 15 brigadas adicionales para intentar dividir circuitos y sustituir equipos, aunque la fábrica nacional encargada de proveerlos tendría que duplicar su producción para suplir la demanda. El funcionario también admitió que las reorganizaciones aplicadas para garantizar el bombeo de agua no han sido efectivas, agravando el impacto de los apagones en el acceso a servicios básicos.
Estos eventos se inscriben en el colapso estructural que atraviesa Cuba, donde la combinación de hiperinflación, desabastecimiento crónico y la ineficiencia del modelo económico ha provocado un éxodo masivo. La falta de mantenimiento de las termoeléctricas no es un fenómeno aislado, sino el resultado de décadas de mala gestión y falta de inversión por parte de la dictadura cubana, que prioriza el control político sobre el bienestar de la población y la modernización de las industrias clave.
El restablecimiento del SEN no alivia el déficit de generación, lo que augura apagones prolongados que seguirán afectando la ya precaria calidad de vida de los ciudadanos. Ante la incapacidad del régimen de La Habana para ofrecer soluciones reales, la incertidumbre energética se perfila como un detonante adicional de la inestabilidad social y el flujo migratorio, mientras la comunidad internacional observa la profundización de la crisis humanitaria en la isla.