Una mujer cubana fue deportada desde Estados Unidos y denunció haber sido separada de su hija de dos años, nacida en territorio estadounidense. Yudierquis Reyes arribó a La Habana en el octavo vuelo de repatriación del año, un traslado que evidencia la continuidad de los acuerdos migratorios bilaterales y la profunda crisis que empuja a los ciudadanos a situaciones de extrema vulnerabilidad.
El vuelo, documentado con acceso exclusivo por medios internacionales en una inusual decisión del gobierno cubano, trajo consigo a otras 160 personas que regresaron a la isla esposadas. A pesar del deterioro en las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, los traslados se han mantenido a un ritmo constante desde inicios de año. Esta dinámica refleja la disposición del régimen de La Habana para recibir a sus nacionales repatriados, en medio del mayor éxodo migratorio de la historia del país.
Entrevistada tras su llegada, Reyes declaró que solicitó quedarse con su pequeña, pero fue enviada sola a Cuba. La joven fue arrestada en junio durante un control rutinario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Nebraska, pasando más de tres meses en centros de detención. Aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) la calificó de \»inmigrante ilegal criminal y abusadora de menores\», los expedientes judiciales revisados indican que el cargo de abuso infantil fue retirado por la Fiscalía y su caso se resolvió con libertad condicional sin pena de cárcel en 2023.
El DHS aseguró que la niña permaneció con su padre, supuesto ciudadano estadounidense, a petición de la madre. Sin embargo, el progenitor, quien en realidad es residente y cruzó la frontera de forma irregular junto a Reyes, desmintió tener ciudadanía y expresó su rechazo a que la menor viaje a Cuba. \»La vida sería demasiado dura para ella allá\», indicó, reflejando el temor generalizado ante el colapso económico y social que sufre la isla bajo el control de las autoridades.
El contexto de la crisis migratoria y el colapso social
El caso de Reyes se inscribe en una ola de deportaciones que afecta a cientos de cubanos, quienes regresan a un país sumido en la escasez, la inflación galopante y la falta de libertades. La dictadura cubana, que históricamente ha utilizado la emigración como válvula de escape para la presión social, ahora se ve en la obligación de recibir a sus ciudadanos desde Estados Unidos, mientras miles continúan huyendo hacia el sur del continente. La amenaza de Reyes de abandonar nuevamente la isla si no recupera a su hija subraya la desesperación de quienes son forzados a regresar a un sistema que no ofrece oportunidades.
Este suceso recuerda al caso de Heidy Sánchez Tejeda, deportada en abril y separada de su hija de 17 meses, a quien EE.UU. aprobó recientemente una visa de reunificación familiar tras el impacto mediático. Sin embargo, su regreso aún enfrenta trabas burocráticas. Mientras tanto, para Yudierquis Reyes y muchos otros repatriados, el futuro inmediato se presenta incierto y adverso, atrapados entre la rigidez del sistema migratorio estadounidense y la precariedad impuesta por la dictadura cubana en su país de origen.