La cotización del dólar estadounidense en el mercado informal cubano ha escalado a 410 pesos, disparando una espiral inflacionaria que devora los salarios en moneda nacional y estrangula a las pequeñas y medianas empresas (Mipymes). Esta devaluación acelerada del peso cubano evidencia el fracaso de las políticas económicas del régimen de La Habana y empuja a millones a la indigencia o al éxodo.
El colapso cambiario obliga al sector privado a operar en un círculo vicioso. Las Mipymes están forzadas a vender en pesos cubanos, pero deben adquirir divisas en el mercado negro para importar mercancías, dado que el gobierno cubano carece de reservas para abastecerlos. Esta dinámica traslada el costo financiero al consumidor final, encareciendo productos básicos como el aceite vegetal y artículos de aseo a niveles inalcanzables para el salario medio de la población, que se calcula en torno a los 3.000 pesos mensuales.
El impacto de la devaluación no se limita a los productos importados. Los productores y vendedores del sector agropecuario también ajustan al alza sus precios, ya que los ingresos obtenidos por sus ventas en el mercado interno deben convertirse en dólares para adquirir alimentos y bienes de primera necesidad en las tiendas de divisas. La falta de un mercado de cambio oficial funcional ha dolarizado de facto la economía cotidiana, generando una fractura social entre quienes reciben remesas y quienes dependen exclusivamente de su salario estatal.
Economistas cuestionan las medidas oficiales ante la falta de reservas
Ante la crisis, las autoridades de la isla han anunciado la implementación de una tasa de cambio flotante para \»corregir distorsiones\». Sin embargo, especialistas como Pavel Vidal, exfuncionario del Banco Central, y el economista Omar Everleny Pérez, advierten sobre la inviabilidad de esta medida sin un respaldo de reservas internacionales. Pérez calificó la estrategia como inconsistente y cortoplacista, mientras que el experto Steve Hanke, de la Universidad Johns Hopkins, describe la situación como una \»espiral de muerte económica\», destacando una caída interanual del 77% en el valor del peso cubano.
Esta tormenta económica se agrava con la decisión del ejecutivo cubano de avanzar hacia una dolarización forzosa, abriendo tiendas estatales que operan exclusivamente en dólares pero manteniendo los salarios de sus propios trabajadores en moneda nacional. Esta brecha, sumada a la constante represión social y la falta de libertades que ejerce la dictadura cubana contra cualquier forma de protesta, configura un escenario insostenible que sigue expulsando a miles de ciudadanos hacia el éxodo migratorio masivo.
El futuro inmediato de la ciudadanía se vislumbra bajo la amenaza de un mayor empobrecimiento. Mientras el poder en Cuba se muestre incapaz de generar divisas y controle la economía con medidas arbitrarias, la brecha cambiaria continuará destruyendo el poder adquisitivo. La comunidad internacional observa cómo la falta de voluntad para una apertura democrática no solo reprime a la población, sino que garantiza la prolongación de esta crisis humanitaria y el flujo ininterrumpido de migrantes hacia sus fronteras.