El dólar y el euro encadenan varios días de descensos en el mercado informal de Cuba, alcanzando los 410 y 480 pesos cubanos respectivamente. Sin embargo, esta corrección cambiaria no se traduce en una reducción de los precios de alimentos y servicios básicos, manteniendo el poder adquisitivo de los ciudadanos en niveles críticos frente a la profunda crisis económica impulsada por el régimen de La Habana.
Según el seguimiento del medio independiente el TOQUE, la tendencia a la baja se ha profundizado en las últimas jornadas. La moneda estadounidense amaneció cotizándose a 410 CUP, registrando una pérdida de diez pesos respecto a la víspera y acumulando nueve días consecutivos de retroceso. Desde el pasado 29 de octubre, el billete verde ha perdido un total de 80 pesos en el mercado paralelo. Por su parte, la moneda europea sigue una trayectoria similar, situándose en 480 CUP, diez pesos menos que el día anterior y con una caída acumulada de 60 pesos en siete jornadas.
Los analistas señalan que este comportamiento responde a un fenómeno económico conocido como \»sobrerreacción cambiaria\» u overshooting. Este patrón se caracteriza por un aumento abrupto impulsado por expectativas especulativas, seguido posteriormente por una corrección parcial del valor. Fuentes económicas indican que esta dinámica se ha repetido en varias ocasiones desde 2022, evidenciando la volatilidad extrema y la falta de control sobre el mercado financiero en la isla.
El abismo entre los salarios estatales y el mercado real
A pesar de esta reciente corrección en las tasas de cambio, la brecha entre el peso cubano y las divisas extranjeras continúa siendo abismal y refleja el deterioro estructural de la economía nacional. Con un salario estatal promedio que ronda los 5.000 CUP, un trabajador apenas tiene la capacidad de adquirir alrededor de 12 dólares en el mercado informal. Esta realidad expone la pérdida sostenida del poder adquisitivo y la incapacidad del gobierno cubano para garantizar una remuneración que cubra las necesidades mínimas de subsistencia.
La caída de las divisas no se ha reflejado en una mejora para los hogares cubanos. Los precios de los alimentos, el transporte y los servicios esenciales continúan al alza, impulsados por la escasez crónica de productos y los costos en moneda extranjera que dominan la cadena de suministro. En la práctica, el retroceso del dólar no supone un alivio tangible para la economía familiar. Mientras el ejecutivo cubano no implemente reformas estructurales reales que frenen la inflación y el desabastecimiento, la ciudadanía seguirá soportando el peso de un sistema económico colapsado, donde cualquier fluctuación cambiaria resulta irrelevante frente a la imposibilidad de acceder a la canasta básica.