Una investigación basada en estados financieros confidenciales confirma que la concentración de divisas en la construcción hotelera por parte de la cúpula militar precipitó el deterioro social y económico de la isla. El conglomerado GAESA priorizó la edificación de hoteles de lujo frente a la infraestructura básica, profundizando el colapso del sector y la emergencia humanitaria que hoy enfrenta la ciudadanía.
El Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), brazo económico de las Fuerzas Armadas, mantuvo durante años un modelo de expansión enfocado casi exclusivamente en el sector turístico, ignorando el desplome de la actividad tras el endurecimiento de sanciones internacionales y la pandemia. Según los registros internos a los que tuvo acceso una investigación periodística, la empresa Gaviota S.A., principal rama hotelera del conglomerado, duplicó su cartera en una década hasta alcanzar 121 hoteles, 20 marinas y agencias de transporte. Esta concentración de capital desvió recursos críticos de áreas vitales como la producción de alimentos, la salud pública y el sistema eléctrico nacional.
Los datos contables del primer trimestre de 2024 detallan que Gaviota S.A. obtuvo un margen de beneficio neto del 42%, una cifra excepcional que casi cuadruplica el promedio mundial de la industria turística. Durante ese período, las ventas de esta empresa representaron el 72% de los ingresos netos reportados por GAESA. El régimen de La Habana opera este conglomerado, que controla aproximadamente el 40% de la economía nacional, con una opacidad absoluta, sin auditorías de la Contraloría General y exento del pago de impuestos sobre sus ingresos en divisas.
El costo social del expansionismo burocrático
La estrategia de reasignar los escasos recursos hacia la inversión hotelera ha tenido un impacto directo en la emergencia humanitaria que sufre el país. Mientras las autoridades de la isla promovían la edificación de nuevas instalaciones turísticas para captar divisas, la infraestructura básica colapsaba. La acumulación de basura, los apagones prolongados, el deterioro sanitario y la escasez de medicinas han degradado drásticamente la calidad de vida de la población. Paradójicamente, este deterioro del entorno ha contribuido a reducir el atractivo de Cuba como destino turístico, aislando aún más el modelo económico del gobierno cubano.
El control absoluto de la dictadura cubana sobre los flujos de divisas y la ausencia de un control democrático han permitido que el aparato militar extraiga rentabilidad a costa del bienestar ciudadano, sustentando su modelo en salarios devaluados pagados en pesos mientras opera en dólares. Las implicaciones de esta política apuntan a un agravamiento del éxodo migratorio y a una mayor presión de la comunidad internacional para exigir transparencia. Sin reformas estructurales que devuelvan la soberanía económica a los cubanos, la perpetuación de este monopolio augura un escenario de empobrecimiento continuo y colapso institucional.