El gobierno cubano anunció este lunes un paquete de medidas económicas destinadas a integrar a los emigrantes en el sistema productivo y financiero del país. La iniciativa, divulgada por el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, permite a los cubanos en el exterior invertir en el sector privado, acceder a tierras en usufructo y abrir cuentas bancarias en divisas, en un intento desesperado por captar recursos frente a la profunda crisis que atraviesa la nación.
La información fue presentada durante el espacio televisivo Mesa Redonda por el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior, Óscar Pérez-Oliva Fraga. El funcionario detalló que las nuevas disposiciones habilitan a los cubanos residentes fuera del país, incluso sin residencia efectiva en la isla, a participar como socios o propietarios de pequeñas y medianas empresas privadas, así como en proyectos de infraestructura de mayor envergadura. Asimismo, las autoridades de la isla prevén la entrega de tierras en usufructo para fomentar el sector agropecuario, un área estratégica golpeado por el desabastecimiento crónico y la falta de insumos.
En el ámbito financiero, el ejecutivo cubano anunció la apertura del sistema bancario nacional para que los emigrantes puedan operar cuentas en divisas destinadas a facilitar estas inversiones. Pérez-Oliva Fraga ya había adelantado estos cambios en una entrevista reciente con NBC News, donde aseguró que Cuba está abierta a mantener relaciones comerciales fluidas con empresas estadounidenses y con la comunidad cubana en Estados Unidos. El objetivo declarado es crear un \»entorno empresarial dinámico\» que revitalice sectores en ruinas, como el turismo, la minería y el colapsado sistema eléctrico nacional.
Una estrategia de supervivencia frente al colapso sistémico
Sin embargo, estos anuncios económicos se producen en un contexto de crisis estructural agudizada por la ineficiencia del modelo centralizado y la falta de libertades que garantice la seguridad jurídica para los inversores. La inflación galopante, los apagones prolongados y el éxodo migratorio masivo han dejado a la isla sin capital ni fuerza laboral. Para la dictadura cubana, la apertura a la diáspora no representa un cambio de modelo, sino una válvula de escape para captar remesas e inversiones que sostengan una economía en bancarrota, sin ceder el control político ni democratizar el acceso a la propiedad.
El giro en la política económica de La Habana coincide con el reconocimiento oficial de un diálogo con la administración de Donald Trump, quien recientemente se refirió a Cuba como una \»nación fallida\» y sugirió que Estados Unidos podría actuar de manera decisiva en el futuro del país. Al afirmar que la isla \»no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada\», el mandatario estadounidense subrayó el nivel de postración al que el régimen ha llevado a la nación. Las medidas hacia la diáspora parecen ser, más que una reforma genuina, un movimiento táctico de un gobierno acorralado que busca alternativas de financiamiento ante la presión interna y la incertidumbre en sus relaciones internacionales.