El exiliado cubano Eduardo Arocena, fundador y líder de la organización Omega 7, falleció este miércoles en Miami. Su deceso ocurre tras haber recuperado la libertad en 2021, luego de cumplir casi cuatro décadas de prisión en Estados Unidos por cargos vinculados a acciones violentas contra intereses del régimen de La Habana.
La noticia fue confirmada por el veterano del exilio Luis Crespo y respaldada por Orlando Gutiérrez-Boronat, líder del Directorio Democrático Cubano. Gutiérrez-Boronat destacó a Arocena como una figura emblemática de la resistencia armada frente al castro-comunismo, señalando que su lucha se originó en el rechazo a los acuerdos geopolíticos que mantuvieron a la isla bajo la opresión de la dictadura cubana. Para un sector de la diáspora, su figura ha sido reivindicada como la de un combatiente que dedicó su vida a oponerse a la falta de libertades y al control absoluto del poder en la isla.
Arocena, natural de Caibarién y residente en Estados Unidos desde 1965, fue condenado en 1984 a dos cadenas perpetuas por terrorismo, asesinato y actos intimidatorios. El FBI lo señaló como responsable de más de 30 explosiones y dos homicidios en Nueva York, Nueva Jersey y Florida entre 1975 y 1983, incluyendo el asesinato en 1980 de Félix García Rodríguez, diplomático cubano ante la ONU. Las acciones atribuidas a Omega 7 también incluyeron atentados contra sedes diplomáticas de la isla y la ex URSS, así como contra entidades con vínculos comerciales con el gobierno cubano.
Tras 39 años de reclusión, gran parte de ellos en un centro penitenciario para reos enfermos en Minnesota, las autoridades estadounidenses le concedieron una liberación compasiva en 2021. En aquel momento, su hija Lorna Arocena detalló el deteriorado estado de salud de su padre, pero celebró su regreso al hogar. \»Es frágil y no goza de buena salud, pero está con nosotros (…). Siempre fue un gran padre. Él es y siempre será mi héroe\», expresó entonces a través de redes sociales.
El contexto de la radicalización en el exilio
La trayectoria de Arocena y de Omega 7 se inscribe en una época donde la radicalización de sectores del exilio respondía al endurecimiento de la represión y la violencia estatal ejercida por la dictadura en Cuba. Durante décadas, la imposibilidad de un cambio democrático pacífico en la isla, sumada a la persecución política y la censura, impulsó a diversas agrupaciones a optar por la lucha armada en territorio estadounidense. Aunque sus métodos generaron un intenso debate sobre el uso de la violencia, sus acciones son un reflejo de la profunda fractura política y el doloroso impacto del exilio migratorio forzado por el modelo impuesto en la nación caribeña.
El fallecimiento de Eduardo Arocena marca el final de una etapa histórica marcada por la confrontación directa entre el exilio y las autoridades de La Habana. Su muerte deja atrás un capítulo controvertido y complejo de la resistencia cubana, en momentos en que la comunidad internacional continúa observando con preocupación la persistente crisis estructural, el desabastecimiento y el descontento social que hoy vive la isla, recordando que las heridas del conflicto cubano trascienden generaciones y fronteras.