La madre de Adniel Jesús Jarrosay Almeida, de cinco años, desmintió este jueves la versión oficial sobre la muerte de su hijo en el policlínico Carlos J. Finlay de La Maya, Santiago de Cuba. Mientras la Dirección Provincial de Salud atribuye el deceso a una intoxicación por un paracetamol supuestamente caducado, la familia denuncia un cuadro de negligencia médica, falta de equipos para reanimación y la posible circulación de un virus no diagnosticado en la localidad.
Las autoridades de la isla aseguraron que el infante ingirió en su hogar un medicamento \»caducado y no certificado\», lo que provocó una intoxicación exógena. Sin embargo, Malena Jarrosay Almeida, madre del menor, rechazó categóricamente esta hipótesis. Explicó que le administró media pastilla de un paracetamol de origen mexicano (Portem), cuyo envase original muestra una fecha de caducidad para febrero de 2027. La misma dosis fue dada a su sobrino de 11 años, quien presentaba malestares similares, y ambos mostraron una evolución favorable durante el resto del día, jugando y comiendo con normalidad.
La tragedia comenzó a la mañana siguiente, cuando Adniel presentó un vómito aislado y un ascenso térmico que alcanzó los 40.9 grados. Al llegar al cuerpo de guardia del policlínico, la familia fue obligada a esperar más de media hora a pesar de la gravedad del cuadro. Según el testimonio de la madre, la doctora de guardia se encontraba revisando su teléfono móvil mientras ignoraba las advertencias sobre el estado del niño. Finalmente, le aplicaron compresas frías e inyectaron dipirona, tras lo cual el menor comenzó a convulsionar, desmintiendo la versión oficial que aseguraba que las convulsiones habían comenzado en el domicilio.
Indicios de shock anafiláctico y falta de recursos para intubación
Ante la sucesión de ocho convulsiones en menos de una hora, la familia sospecha de una reacción adversa al medicamento inyectado, dado sus antecedentes de alergias. Un médico de la localidad, Roberto Serrano, señaló que el cuadro descrito corresponde a un posible shock anafiláctico por la dipirona, para el cual lo correcto habría sido administrar adrenalina o antihistamínicos. La situación se agravó por el colapso estructural del centro asistencial: cuando una pediatra experimentada intentó estabilizarlo y determinó que era necesario intubarlo, se descubrió que el policlínico no contaba con el equipo adecuado. El niño sufrió un paro respiratorio mientras se preparaba su traslado en ambulancia y falleció antes del mediodía.
Las inconsistencias en el informe del régimen de La Habana se profundizan al observar el caso del primo de once años, Yosnier, quien también presentó síntomas similares, sufrió un paro durante el traslado y permanece ingresado en el Hospital Infantil Sur con diagnóstico de neumonía bacteriana. Además, familiares reportaron que la abuela materna acudió al mismo policlínico con fiebre y observaron al menos a otros ocho pacientes con cuadros similares. Este patrón sugiere la circulación de un patógeno agresivo en la zona que las autoridades sanitarias prefieren ocultar bajo la teoría del medicamento vencido.
Este caso refleja el deterioro profundo del sistema de salud pública, otrora presentado como un pilar fundamental por el gobierno cubano. La falta de insumos, el mal estado de las instalaciones, la desmotivación del personal médico y la ausencia de equipos básicos para reanimación ponen en riesgo constante la vida de los ciudadanos. Al intentar evadir su responsabilidad mediante versiones arbitrarias y sin control democrático sobre sus instituciones, la dictadura cubana demuestra que su prioridad no es la vida del pueblo, sino el salvamento de su propia imagen frente a un colapso sistémico que ya cobra víctimas infantiles.